jueves, 7 de noviembre de 2013

The Jammers 006: Harder, better, faster, stronger




(Portada: Amaia Ballesteros)




Work it harder make it better
Do it faster, makes us stronger
More than ever hour after
Our work is never over

Daft Punk. Discovery

Si no recuerdo mal la última vez decía que acabábamos de conocer a un nuevo y poderoso adversario llamado Génesis, un monstruo mecánico mezcla de máquina y hombre, bueno, más máquina que ser vivo, por poseer sólo cerebro y ojos humanos, completamente inmune a nuestros poderes, por ser no electrónico, y armado con brazos como mangueras a presión, pies como pistones, una boca que escupía llamas y finalmente un letal ventilador huracanado en el centro de su torso.

Una criatura, creación en parte de Adrian, para no tomarse a la ligera, ni mucho menos.

Pero Distorsión había pensado en una manera improvisada de hacerle frente que, aunque no me lo pareció en un principio, podía funcionar. El trasto que Distorsión había diseñado era rudimentario así como primitivo, pero en el fondo ¿no era así nuestro enemigo y era poco menos que demoledor? Aunque lo más difícil fue encontrar la munición adecuada, y para eso sí que nos tuvo que ayudar Adrian, buscando media galaxia para hallarla.

—He tenido que pagar una pequeña fortuna a un coleccionista local —comentó—, pero aquí la tenéis. Aunque aviso de que esto no le dañará apenas.

Distorsión no hizo el menor gesto de preocuparse por el comentario.

—Tranquilo, Adrian. No es en dañarle en lo que estamos pensando.

—Puedo imaginarme lo que pretendes y será muy peligroso. Tened cuidado.

No hubo manera de convencerle para que se marchara, por supuesto, pero al menos sí que logramos insistir para que no nos acompañara. Temíamos que él fuera el motivo de que Génesis estuviera haciendo todo aquello, por lo que preferimos mantenerle al margen. En todo caso, por otro lado, el plan ya estaba trazado aunque, como siempre, los detalles concretos los dejaríamos a la improvisación. Era una de las ventajas de manipular virtualmente todo aparato electrónico que nos rodea.

A duras penas pudimos acoplar el chisme de Distorsión, que pesaba como los mil demonios, en uno de los biplaza del Acorde Cósmico. Dado que mis poderes de poco servían contra Génesis, y que ya tenía experiencia en el tema de apuntar y rebotar, yo sería la encargada de efectuar el disparo. El resto correría de la cuenta de mis compañeros de formación.

Creo que está de más decir que se suponía que teníamos que ofrecer el concierto que se había cancelado el día anterior, pero no contábamos con ello ni de broma, vamos. Teníamos claro que la fiesta se iba a desarrollar en el enorme aerodeslizador que orbitaría todos los demás escenarios, y a él nos dirigiríamos.

***

A lo largo de mi vida he estado en sitios bastante modernos y sorprendentes. Los lugares en los que uno puede tener que hacer un directo son de lo más peculiares teniendo en cuenta lo vasto que es el Universo.

Puede que aquel aerodeslizador gigante que sobrevolaba SR8273 fuera uno más de ellos, pero sin duda sería difícil para mí no otorgarle un sitio de honor en mis recuerdos.

Dos kilómetros de envergadura. Todo un escenario móvil, sin duda. Amplio, diáfano, pero no exento de toda clase de edificios periféricos, tanto de ocio como de infraestructura, y hasta tirolinas y clases de vuelo asistidas por monitores. Por todos lados había cantidad de ventiladores, incluyendo uno enorme en mitad del lugar, debidamente protegido, que giraba a una velocidad tan demencial que provocaba una elevadísima columna huracanada encargada de recordar cuál era el tema en ese lugar. Aparte de ese, claro, había muchos otros por todas partes, así como sobre el escenario, lleno de grúas, corrientes artificiales de aire y toda clase de efectos destinados a convertir aquellos conciertos en toda una experiencia inolvidable.

Un polvorín en toda regla, sin duda, y nuestra atención estaba plenamente centrada en un lugar de la escenografía, blanco primordial de todo posible sabotaje.

Las horas pasaban, sin embargo, y Génesis no aparecía por ningún lado. Todos los conciertos se desarrollaban con la máxima normalidad, lo que no hizo sino agravar nuestra preocupación. En breve tendríamos que tocar y eso podría colocarnos en situación vulnerable.

Maldito cerdo, pensé. No parecía muy listo, pero algo de astucia sí tenía. Se aprovecharía de que estábamos sobre el escenario para proseguir con sus planes de sabotaje, sin duda.

El momento había llegado. Teníamos que salir a escena, instante que seguro ese mamón de metal aprovecharía para poner en marcha sus trampas. Íbamos a salir cuando, de repente, alguien apareció por el otro lado de los bastidores.

Adrian.

—Mierda —dijo Distorsión en voz alta. Trató de detenerle pero ya era demasiado tarde para ello. Aunque usaba un megáfono electrónico, si Distorsión lo estropeaba podría hacerle daño, y en realidad no sabíamos qué era lo que pretendía hacer, igual sólo quería presentarnos, como hacen muchos managers o promotores.

A veces me planteo cómo podíamos ser tan ingenuos.

—¡Heinrich Beckon! ¡Aquí estoy, sal de tu escondite!

Hubo un momento de silencio por parte del público, aunque muchos se limitaron a corear, como si fuera alguna clase de broma o comentario que no habían pillado. La gente, debidamente motivada, es capaz de emocionarse por cualquier cosa.

El asunto se puso más feo cuando, a unos quinientos metros de distancia, la tarima del aerodeslizador reventó desde dentro y nuestro enemigo se dejó ver. Estaba lejos pero era él de manera inequívoca, y la gente no tardó en apartarse en todas direcciones hasta dejarle pista libre.

De modo que Adrian había hecho aquello para obligarle a salir de su madriguera. A la respuesta de si había realizado su sabotaje, el ventilador central empezó a rugir como loco, haciendo que todo el aerodeslizador se bandeara peligrosamente de un lado a otro.

—Es el momento —dijo Distorsión, mirando cómo avanzaba nuestro enemigo paso a paso, hundiendo los pesados pies en la endeble superficie que los aguantaban—. ¡Delay, ven conmigo! —ordenó.

Los demás ya sabíamos qué debíamos hacer. Fase tenía que controlar de nuevo la megafonía para evacuar cuanto antes a todo el mundo, en lo que yo subiría al biplaza lista para disparar en cuanto tuviera oportunidad. En cuanto a Overdrive, en teoría tenía que ayudar a Delay y a Distorsión, pero éste le indicó con un gesto contundente que se quedara a proteger a Adrian y que no se moviera del sitio.

Distorsión y Fase no tardaron en abrirse paso entre la multitud, a veces dejando atrás a fans que querían hablar con ellos, incluso en mitad de todo aquel caos, y se plantaron frente a Génesis, al otro lado del enorme ventilador fuera de control.

—Ya sabes lo que hacer, Delay —comentó Distorsión—. Además, él mismo nos lo ha puesto más fácil.

—Lo ha acelerado demasiado. No podré aguantar mucho —fueron los escuetos comentarios de Delay. Pero aun con todo se puso las gafas de piloto, comenzó a usar sus habilidades y el ventilador, poco a poco, empezó a aminorarse. El esfuerzo que estaba llevando a cabo era enorme, hasta tal punto que sudaba y apretaba los dientes igual que si estuviera tratando de detener el avance de una apisonadora con las manos desnudas, salvo por sus guantes, claro.

La sorpresa de Génesis no se hizo esperar. Si bien sabía que teníamos cualidades especiales, creo que no supuso que pudiéramos llegar tan lejos como para poner freno a su espiral de destrucción sin sentido.

Desde el biplaza, ya listo y tratando de capear las corrientes esporádicas de aire, tenía visión privilegiada de toda la zona, y no me pasó desapercibido que Génesis, a pesar de tener frente a él dos adversarios inmediatos, centraba su atención más bien en la parte inferior. Lo que comentó, por otro lado, sólo pude saberlo más tarde, una vez todo terminó. Pero no era difícil imaginarlo una vez presencié la manera hostil con que se dirigía a Distorsión.

—¡Trabajáis para él! —fue lo que dijo señalando hacia Adrian, al lado de Overdrive, a un millón de kilómetros de distancia en ese momento—. Sois su nuevo experimento, ¿verdad? Sus nuevos juguetes. ¿Qué os prometieron, la curación de vuestras heridas, un tratamiento milagroso, o simplemente ser el mejor soldado de todo vuestro ejército? A mí me prometieron todo eso, y a cambio encarcelaron mi mente en esta prisión de metal.

—Mira, tío —dijo Distorsión, tratando de hacer que se dirigiera hacia el centro del ventilador—, no las has pasado fáciles, pero todos tenemos nuestros problemas, ¿sabes? De modo que montar todo esto para vengarte no te va a hacer más humano, si es eso lo que buscas.

—¿Más humano? Yo ya soy humano, cara de nieve —dijo señalando a su rostro—. Mi odio es muy humano, porque no estaba haciendo esto por venganza. No tenía ni idea de que mi creador estaría por aquí con nuevos muñecos de trapo que lanzar contra mí. Mi única intención es hundir este festival, llevarme por delante a tantas personas como me sea posible. Torturarles, hacerles sentir miedo, pánico y sufrimiento en toda medida.

—¿Por qué? ¿Por qué deseas hacer eso?

—Muy fácil. Lo hago porque les envidio, y debido a eso, también les detesto. Odio a todos aquellos que tienen un cuerpo, que aún tienen la oportunidad de llevar adelante una normalidad que a mí me ha sido arrebatada.

—Si he entendido bien tu historia estabas a punto de morir y te ofreciste voluntario para el experimento. Al menos es mejor estar relativamente vivo y con una jeta metálica que muerto por completo.

—Tal vez para ti, que no aprecias lo que tienes. Pero para mí, que recuerdo lo que fui, esto es insoportable. La muerte es preferible a esto.

Distorsión se irguió y señaló al vacío con indiferencia.

—Tu problema tiene fácil solución, si realmente es lo que deseas —proclamó con tono de burla.

Aquello bastó para enfurecer del todo a Génesis, que empezó a echar llamas por la boca en dirección a Distorsión. Éste las esquivó a duras penas, pero con tiempo suficiente como para colocarse en el centro del enorme ventilador, donde la corriente de aire, aunque no tan fuerte como la que había antes, disipaba el fuego como se apaga una vela al viento.

Delay miró a Distorsión con preocupación, temeroso de lo que pretendía hacer.

—¡No podré aguantarlo mucho más tiempo! —advirtió.

Distorsión miró hacia atrás, al escenario. Overdrive ya se estaba dirigiendo hacia su posición, sin duda para apagar el ventilador, pero si hacía eso el factor sorpresa para derrotar a Génesis estaría totalmente perdido. No, las cosas tenían que desarrollarse de otra manera. Ya improvisaría él, aunque estuviera solo ante el público.

Génesis se dirigía hacia él paso a paso, hundiendo el suelo a cada poco que avanzaba. Se quedó parado justo ante el umbral del ventilador, a punto de pisar el enorme enrejado que los separaba de las aspas.

—¿Crees que soy idiota? —dijo mirando a Distorsión, en pleno centro—. Sé bien la potencia que esta máquina puede alcanzar.

—No creo que seas especialmente tonto, aunque sí un poco lento. De hecho… diría que eres lento en ambos sentidos.

Acto seguido pude ver cómo Distorsión concentraba sus poderes y una de las turbinas exteriores del aerodeslizador estallaba como un petardo de feria. Todo el aerodeslizador se escoró de repente, haciendo que la superficie se inclinara unos veinte grados con respecto a la horizontal. Si bien era complicado para quienes pisaban la superficie del vehículo volador mantener el equilibrio, para una mole como Génesis se antojaba poco menos que imposible y cayó violentamente hacia delante, dentro del área del ventilador. Por poco rompió el enrejado y cayó dentro de las letales aspas que, debido a que Delay ya no podía resistir más, se movían cada vez más y más rápido.

Distorsión empezó a correr a toda velocidad, tratando de salir de la potente corriente de aire ascendente. Ya empezaba a notar cómo le costaba avanzar, pero estaba a unos pocos metros de escapar a su influencia.

Aún en el suelo, Génesis transformó uno de sus pies en un pistón y se preparó para dar un golpe contra la rejilla.

—Si yo salgo por los aires tú te vendrás conmigo —amenazó justo antes de pisar el suelo. El golpe, calculado para no ser especialmente devastador pero sí muy desequilibrante, bastó para precipitar los acontecimientos. Delay cayó al suelo y perdió el control del ventilador, con lo que empezó a girar a velocidad demencial de nuevo. Distorsión al principio se quedó quieto, incapacitado para avanzar, como si tuviera los pies aferrados con pegamento. Y finalmente, en cuanto el dispositivo estuvo fuera de control otra vez, tanto él como Génesis salieron despedidos por los aires.

La corriente fue tan brutal que les arrastró fuera del deslizador, a muy corta distancia el uno del otro, aparte de lo muchísimo que les elevó, a altitudes tales que casi rozaron la cúpula artificial. Eso les daba tal vez unos minutos más antes de precipitarse contra el suelo.

—¡Distorsión! —grité, tomando los mandos del biplaza y dirigiéndome hacia él, para tratar de atraparle en pleno vuelo. Pero Génesis, en una de tantas frenéticas vueltas que logró dar, le agarró de la pierna como si fuera una marioneta.

De repente, sin embargo, comprobé que su ascenso era mucho más lento de lo que había imaginado. ¡La gravedad! Estaban a tanta altura en una colonia tan pequeña que el tirón gravitatorio era muy escaso y habían superado la velocidad de escape. Pero eso quería decir también que la falta de aire sería mucho mayor, y Génesis, como nos había dicho Adrian, no tenía la menor necesidad de respirar.

Pero Distorsión sí la tenía.

Eso explicaba por qué veía cómo Distorsión apenas podía moverse, en lo que Génesis trataba de acercarle hacia sí para triturarlo con sus propias manos. Pero era difícil para ambos maniobrar en semejantes condiciones, y por fin lo entendí. Entendí por qué Distorsión quería elevarle tan alto.

—Aquí tu fuerza no vale de nada —explicó entre resuellos, cada vez más cansado— y no hay suelo donde pisar, agua para tus mangueras ni apenas oxígeno para tus llamas. Aquí estamos empatados.

—Te equivocas —contestó Génesis, bullendo de odio—. Porque yo no necesito respirar, y eso quiere decir que puedo centrar mis esfuerzos en hacer esto.

El ventilador de su torso empezó a girar frenéticamente. El esfuerzo para lograr algo así debía ser tremendo por parte de nuestro enemigo, pero su obsesión por machacar a Distorsión era igual de desproporcionada en ese momento. Con su mano libre agarró a Distorsión del hombro con la idea de introducir su cabeza en el ventilador y así machacarla como un melón maduro. Distorsión hizo todo lo que pudo por resistirse, pero cada vez tenía menos fuerzas, hasta que la casualidad intervino en su favor. Una barra de metal alargada que había salido volando también, un resto del boquete que Génesis había abierto para abrirse paso hacia Adrian, pasó cerca de ellos, y con un esfuerzo enorme, Distorsión logró agarrarla al vuelo.

—¿Sabes qué es lo que más odiaba de los hoteles en los que nos alojábamos al principio? —dijo sosteniendo la barra con firmeza—. Que el sumidero de la ducha siempre estaba atascado con algo.

Le incrustó la barra entre las aspas del torso y Génesis pegó un alarido de dolor. No tengo ni idea de qué ruido debió hacer ese chisme al atorarse pero no debió ser muy agradable. El caso es que la violencia desatada fue tal que Distorsión salió despedido por un lado y Génesis por otro, separándose por completo.

Aquel era el momento que estaba esperando. No me llevó ni unos segundos apuntar a mi objetivo, pues estaba a escasos cien metros de distancia. Me sentía toda una pirata de las ondas, y el símil no podía ser más adecuado.

Porque el arma que había fabricado Distorsión de urgencia, de la manera más rudimentaria posible, ante la incapacidad de conseguir nada mejor en ese momento, era un genuino cañón de los de toda la vida, cargado con la bala de hierro forjado que Adrian logró conseguir en tiempo récord. ¿El daño que le haría a Génesis? Escaso. Pero como bien dijo Distorsión, era más un asunto de inercia. Sin nada en lo que apoyarse y suspendido en una atmósfera tan escasa, la aceleración de la bala le daría tal impulso que saldría despedido como si él mismo fuese la bala de cañón disparada.

Lo que no esperaba era que el impacto fuera tan demoledor. Aparte de abollar a Génesis como si fuera un coche viejo de segunda mano, le elevó aún más debido a que al disparar yo estaba a menos altitud que él, rompiendo así la cúpula —que no tardó en ser reparada poco después— y saliendo fuera de la órbita de la colonia, con la gravedad incapaz ya de retenerle por más tiempo. Acabábamos de convertir a nuestro enemigo en poco menos que un hombre cohete improvisado.

Distorsión estaba a punto de seguir esa suerte, pero en sentido contrario. La violenta separación de su enemigo le hizo precipitarse al fin en caída libre, y si no me daba prisa no habría nada que pudiera hacer para ayudarle. Le di caña al biplaza y abrí la carlinga, calculando la aceleración para descender al mismo tiempo. Por fortuna él ya había alcanzado la velocidad terminal, lo que quería decir que no estaba acelerando más, y desde mi punto de vista era como si estuviera flotando en el aire.

Le dije que me diera la mano, pero no tardé en comprender que estaba al borde del desmayo. Con un tremendo esfuerzo mis dedos rozaron los suyos y logré meterle dentro del vehículo, en el asiento del copiloto, donde tras cerrar de nuevo la carlinga conseguí, maniobrando como pude, que aterrizáramos de nuevo sobre el aerodeslizador, no de una manera muy suave pero sí lo suficientemente segura.

Nada más salir de aquel trasto vi que Delay se acercaba corriendo hacia nosotros, y los demás venían también a ritmo rápido.

—Impresionante —se limitó a decir Delay, ayudándome con Distorsión. Por supuesto, en cuanto hubo recuperado el aliento, se negó a que lo lleváramos a hombros y se quedó de pie, apoyado en el fuselaje del biplaza.

—Decidme que algunos estabais grabando lo sucedido.

—¿Grabando? —dijo Adrian, que ya había llegado con los otros.

—De esto hay que hacer un videoclip fijo —aclaró apagando el holo y con una sonrisa de plena satisfacción, como quien acaba de hacer puenting o paracaidismo.

***

No hizo falta videoclip alguno, en realidad. Para empezar, porque de casualidad más o menos en ese momento el aerodeslizador pasaba por debajo del volcán apagado y aprovechamos para descender y preparar a toda prisa el escenario para un concierto improvisado. Sin efectos, ni llamas, ni fuegos artificiales, ni luminotecnia, ni confeti, ni historias. Sólo los instrumentos, los bafles y nosotros. ¿Para qué más?

Al público del aerodeslizador, que había pasado por un susto tremendo, se le quitó pronto el miedo en cuanto empezamos a tocar. Aquello se convirtió en una fiesta sin precedentes, en la que subieron al escenario cantantes de otros grupos a improvisar duetos con nosotros, y también pudimos presentar Red Roses, que batió todas nuestras expectativas de aceptación por parte del público.

En cuanto a Génesis, ni idea de qué fue de él. Lo más probable era que, dado que SR8273 orbitaba alrededor de un enorme planeta de escasa densidad, al estilo de Júpiter, hubiera sido atraído como si fuera un bólido estelar por su gravedad masiva. O igual estaba a la deriva por el espacio. De lo que estábamos seguros era de que de una u otra manera, debido a su fuerte resistencia por un lado y capacidad de mantenerse en hibernación por otro, volveríamos a saber de él en algún momento.

Por todos lados las noticias tenían titulares similares. Músicos salvan el día. Héroes de las ondas. The Jammers dan el pelotazo en el Festival (este me encantaba). Justo lo que Distorsión no quería que acabáramos siendo. Al menos, pensábamos todos, mientras durara lo bueno nos limitaríamos a disfrutarlo.

Pero qué lejos estábamos de saber que las primeras consecuencias no tardarían en mostrarse. Y que lejos de allí una nueva amenaza nos pondría en jaque como ninguna otra antes, ni siquiera Desdémona, lo había hecho.

ENLACE A LA CANCIÓN ‘RED ROSES’:

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