jueves, 28 de noviembre de 2013

The Jammers 009: Misunderstood





(Portada: José Antonio Marchán)




Waiting
In the calm of desolation
Wanting to break
From this circle of confusion

Dream Theater. Six Degrees of Inner Turbulence

¿Dónde me quedé la última vez? Ya, sí. Acabábamos de enfrentarnos a uno de los enemigos más peligrosos que habíamos tenido jamás, no tanto por lo que era capaz de hacer sino por el grado de implicación que tenía en nuestras vidas: Breakdown. Un grado que Distorsión y los otros no podían ni sospechar. Sólo Adrian conocía junto a mí el secreto de su identidad, que Breakdown no era otro oponente cualquiera, sino que se trataba ni más ni menos que del mejor amigo de Distorsión, tan cercano que antes que yo, bajo el nombre de Reverb, fue miembro fundador del grupo, pero que ahora estaba loco de rabia y venganza contra quien una vez fue casi como su hermano.

Y yo en medio de todo aquel asunto porque a pesar de todo creía en su redención, en la posibilidad de que dejara atrás la amargura y el rencor y saliera de las tinieblas. Yo sabía que dentro de él existía esa oculta esperanza, esa capacidad para olvidar el pasado y empezar de nuevo desde cero. Que su peor cicatriz no estaba en su costado sino en su alma, tal como le pasaba a Distorsión.

Pero al mismo tiempo le temía, tanto a él como al hecho de comprender que era la única que, llegado el momento, tenía la capacidad de detenerle. Y no podría vacilar. Sus poderes eran devastadores, lo que le situaba en la categoría de uno de los peores enemigos que habíamos conocido jamás. Seguro, Desdémona tenía una inteligencia y unos recursos casi inimaginables, Génesis era inmune a nuestros poderes… ¿pero cómo luchar contra alguien que tenía la capacidad, aunque le costara la propia vida, de matar con la voz?

Si Breakdown recapacitaba habríamos ganado un gran aliado. Pero si sucumbía del todo a su oscuridad tendríamos mucho de lo que preocuparnos.

Por el momento, sin embargo, se limitó a quitarse del camino. Lo peor era que prácticamente podíamos sondear todos y cada uno de sus movimientos, al ser músico como nosotros, pero actuando en solitario y en circuitos underground. Y por supuesto, no había nada de lo que poder acusarle ni por lo que detenerle a efectos oficiales. No había violado ninguna ley, si acaso amenazar a Distorsión, algo que ni siquiera se podía probar, y romper unas cuantas bombillas. Él mismo podría incluso alegar que éramos nosotros quienes le habíamos atacado, y hasta con testigos parciales, técnicos que salieron del local al vernos entrar y luego sin duda escucharon bullicio. Y por otro lado, tratar de meterle entre rejas no ayudaría precisamente a que se olvidara de su vendetta personal.

Acabábamos de someternos a una dura prueba, pero tal vez por ello Distorsión insistió más que nunca en nuestra capacidad para ser héroes. Era verdad que teníamos los poderes, así como la voluntad, y que no teníamos que preocuparnos de nadie más que de nosotros mismos; además, nuestra seguridad personal ya empezaba a estar comprometida por el mero hecho de estar haciéndonos famosos poco a poco, por lo que no teníamos mucho más que perder en ese sentido.

Fue así como, en ratos libres, Fase empezó a elaborar una base de datos de villanos de los que ocuparnos, encabezada por supuesto por los indeseables que habíamos conocido de primera mano.

Aun así, ¿alguna vez habéis elaborado una base de datos? No tardamos en encontrarnos inundados de toda clase de dudas. Podíamos incluir a los aliados, no fuera que alguno de ellos le diera por cambiarse de bando. Aparte de ello, ¿dónde clasificar a mercenarios como Dobleseis, héroe, villano o ninguna de las dos cosas? ¿Qué hay de los viejos villanos de antaño? ¿Incluimos también a los que ya han muerto, como la mafiosa Ellen Gorgon, tirana de Ernépolis en tiempos pasados? ¿Y los desaparecidos?

Más aún, ¿preguntamos a Adrian qué clase de proyectos tuvo entre manos cuando fue hecho prisionero, no fuera que regresaran como sucedió con Génesis? Pero eso sería remover un pasado, para él, doloroso de recordar. ¿Y qué hay de nuestros pasados? Porque si fuera sincera sin tapujos, habría un par de fichas que se podrían rellenar, y estoy segura de que a los demás les pasaba similar.

A la hora de hacer la ficha de Breakdown, ¿seré capaz de mirar hacia otro lado cuando Fase anote en el campo “identidad” la palabra “desconocida”?

El caso es que llegó un momento en que, con todas estas objeciones, tuvimos una base de datos al menos parcial que esperábamos que diera sus frutos, sobre todo gracias al constante perfeccionamiento de Fase.

Creo que lo que ninguno de nosotros esperábamos era que de hecho diera sus frutos tan rápido, cuando uno de nuestros contactos de cuando éramos piratas a sueldo nos advirtió de la presencia de un sujeto sospechoso en un viejo satélite abandonado. Según nos comentaron, un tipo tuerto, huraño, de mediana edad, rostro marcado, ropas viejas y desvencijadas y que llevaba una rata oculta en uno de sus bolsillos.

La base de datos no falló al decir que de hecho aquel sujeto era conocido como Éxeter, ni más ni menos que una reliquia de los viejos tiempos.

Era interesante la ficha del amigo, y para empezar errónea. Lo primero de todo, porque hubo que sacarlo de la categoría de “muerto” en la que le habíamos clasificado. Algo me decía, por cierto, que ese iba a ser el campo que más íbamos a modificar a medida que los meses pasaran.

Poderes: desconocidos. Poseía, sin duda, pero nadie sabía en qué consistían exactamente. Era un experto en crear cuarteles inexpugnables para otros villanos, así como escabullirse a la menor oportunidad. Más que planes propios, solía acoplarse a los de otros aportando aquello que sabía hacer mejor. Un supervillano especializado, ni más ni menos. Hasta en el mundo de los criminales hay que cuidar y pulir adecuadamente el currículum.

A la vista de aquellos datos quedaba claro que, tomando como base que el amigo Éxeter estuviera en un satélite desahuciado, o bien estaba solo y tratando de ocultarse, o bien estaba a la sombra de algún asunto más gordo.

De modo que Distorsión y yo decidimos ir hacia allí a investigar, dejando a los demás en el Acorde Cósmico por si necesitáramos refuerzos. Eso seguramente implicaría que, para cuando regresáramos, Overdrive ya habría compuesto, aburrido, tres o cuatro nuevas maquetas, con la subsiguiente cantidad de trabajo extra que supondría eso, pero mejor aprovechar su inspiración cuando venía a raudales.

El satélite, de denominación alfanumérica y por tanto innecesario de nombrar, era un miserable trozo de roca con una cúpula que protegía y envolvía una endeble atmósfera artificial, toda ella centrada en una única zona edificada con una factoría abandonada, enorme e imponente al estar construida de cemento y poseer gran cantidad de terrazas, niveles, torreones, complejos anexos y, seguramente, sótanos subterráneos. Era la clase de lugar que resultaba perfecto para que un criminal se ocultara sin el menor problema, convirtiendo aquel sitio desierto en un castillo fortificado.

Pero nosotros no estábamos faltos de trucos, ni mucho menos. Para empezar, camuflé nuestra nave del mismo modo que hice cuando fuimos a rescatar a Adrian de las garras de su mujer, lo que permitió que nos acercáramos hasta una distancia más que prudente, aunque al tomar tierra ese camuflaje se desvaneció en parte al rebotar en el suelo y las colinas rocosas y muertas de nuestro alrededor, convirtiendo nuestra posición en una suerte de interferencia visual para cualquier cámara que pudiera estar apuntándonos.

La cúpula era de apertura automática y parecía no haber sido alterada en mucho tiempo, pues Distorsión reconoció el mecanismo como uno ya desfasado. No parecía que esperaran compañía, al menos.

Una vez dentro comenzamos a andar por pasillos oscuros, vacíos y desiertos, dependencias de paso general, sin ninguna duda. Los ventanales eran minúsculos y estaban colocados muy altos y en fila, como si fueran las rejas de una prisión. Las paredes eran de cemento gris, sin ningún remate, y sólo se filtraba la débil luz de estrellas algo lejanas, que al menos nos permitían avanzar sin tropezar el paso. La iluminación estaba arruinada y los cuadros de las paredes podridos y cuarteados. La capa de polvo y mugre era espesa como una alfombra. Hacía muchos, muchos años que nadie había pisado aquella zona de la factoría, de la que seguíamos sin conocer qué se dedicaba a producir.

Nuestra idea principal era encontrar alguna clase de señal de presencia reciente buscando actividad de lo que conocíamos como nadie: las máquinas. Detectar ondas de emisión o recepción por mi parte, dispositivos activos por parte de Distorsión. Pero las gruesas paredes de cemento dificultaban la tarea de manera notable.

Aun con todo, tras media hora de avanzar por aquel inmenso laberinto de pasillos de longitudes kilométricas, sentí que había alguna clase de comunicación cerca de nuestra posición.

—¿Dónde? —preguntó Distorsión sin miedo a delatarnos, pues todo estaba más muerto que el dvd. Señalé hacia abajo. De modo que aunque estábamos cerca, habría que dar alguna clase de rodeo.

Tras varios intentos infructuosos de cambiar de planta encontramos unas escaleras de emergencia que nos llevaron al piso inferior, a ras de suelo. Estábamos en el umbral de dirigirnos al nivel subterráneo, si es que no había más de uno, donde seguramente se estaría cocinando todo el pescado.

Una vez bajamos, sin embargo, no hubo necesidad de descender más, puesto que vi cristalino como el agua que la señal estaba muy cerca y al mismo nivel que nosotros. En aquella parte los pasillos estaban mucho más ensanchados y aún quedaban restos de mobiliario de oficina desvencijado, dando al lugar un aspecto como de departamento de contabilidad, gestión o alguna otra función igualmente aburrida y tediosa. Señalé a Distorsión una puerta al fondo y éste me hizo un gesto para que me quedara quieta. Avanzó un par de pasos, hizo un par de gestos con la mano y acto seguido escuché tres minúsculas explosiones, apenas un pof que no enturbió el silencio ambiente. Avancé a su posición.

—Los sensores podían haber estado conectado a una alarma secundaria —objeté.

—Y así era, pero yo no funciono como Overdrive —apuntó Distorsión—. Me he limitado, sencillamente, a reventar todo lo electrónico que me rodeaba.

Era cierto que Overdrive hubiera resuelto ese problema de manera mucho más elegante, pero había que admitir que aquel procedimiento fue bastante inocuo teniendo en cuenta quién era la persona que lo había empleado.

Avanzamos a través de otro largo pasillo similar a los superiores y ahí fue donde me di cuenta de que la señal no estaba cerca sólo en distancia sino también en terreno libre. Dicho de otra manera, aún había que avanzar, pero no había más que limitarse a hacerlo en línea recta.

Al final del pasillo nos topamos con un enorme portón doble que parecía custodiar una sala blindada. Cuando parecía que nos encontraríamos con nuestro primer obstáculo serio descubrimos que estaba abierto y no nos impedía el paso. Avanzamos y nos topamos con una sala muy amplia en las tres direcciones, pero más rectangular que cuadrada, y acondicionada a los lados con enormes tanques de contención transparentes, docenas y docenas de ellos. Muchos estaban rotos, pero otros aún permanecían intactos. Sin embargo lo que nos cortó el aliento fue comprobar su contenido.

Insectos.

Toneladas de insectos, no sabría decir. ¿Decenas de miles? ¿Millones? ¿Billones? Tantos que, con su incesante movimiento en el interior de los tanques, a menudo los opacaban e impedían ver la pared que estaba tras los mismos. Había bichos de toda clase, pero la mayor parte eran voladores y ninguno parecía fuera de lo común. Los más normales eran moscas, avispas, mosquitos y abejorros, pero en formas y colores que no había visto jamás, y supuse serían autóctonos del satélite o, más bien, de los mundos de los trabajadores que los trajeron hasta allí por accidente. Los tanques, por otro lado, debían estar insonorizados porque sólo así puedo explicar que no estuvieran generando un zumbido a la vez perturbador e insoportable.

Al fondo de la sala estaba un sujeto sentado que supusimos era Éxeter. Nos acercamos todo lo que pudimos en lo que contenía el ruido que hacíamos en una burbuja de aislamiento, tal como hice con Breakdown y yo misma, pero llegó un momento en que no avanzamos más debido a la enorme concentración que me suponía llevar a cabo una tarea tan sutil y precisa. Aun así, una vez retiré la burbuja, comprobamos que podíamos escuchar a nuestro sujeto. Estaba sentado frente a un panel de comunicaciones que, imaginé, él mismo había reparado, y se comunicaba con otro tipo cuyo rostro no veíamos del todo bien pero era muy extraño, dado que parecía medio gaseoso, como si no fuera un ente sólido sino etéreo. La sensación que me dio era como si fuera una nube negra que estuviera cobrando vida y tratara de adoptar forma humana, pero a menudo fallara y se expandiera y contrajera de maneras imposibles para un ser de carne, músculo y hueso. Además de eso, debía estar en algún sitio húmedo porque parecía como si estuviera lloviendo a su alrededor.

—¿Has acondicionado el que será ya nuestro cuartel entonces, viejo amigo? —dijo el de la pantalla, con una voz que era poco menos que de ultratumba.

—Todo está listo —contestó Éxeter, cerrando el puño—. Mis hordas se colarán por toda puerta, tubería y ventana y no dejarán que nadie pase sin que lo sepa al momento.

—¿Eran necesarios tantos insectos?

—Dado el tamaño de este lugar, sin la menor duda.

Nos miramos. De modo que Éxeter estaba trabajando para alguien que estaba allí mismo, tal vez en alguno de los tejados, a juzgar por el hecho de que estaba lloviendo. En todo caso debía ser alguna parte alejada de nuestro punto de aterrizaje, dado que nosotros nos encontramos con un cielo plenamente despejado.

—Perfecto. Una vez hayamos instalado nuestra base de operaciones y convocado a otros de nuestra condición, Reflector estará perdido por completo ¡y nada podrá detenernos!

Aquello se ponía cada vez más raro. ¿Reflector? Reflector había desaparecido hacía ya la tira de años, con lo que aquella borrasca con patas estaba más fuera de onda que los seguidores de la música glam. La situación era, cuanto menos, para ser analizada con calma, cuando de repente noté que Distorsión me tiraba de la pernera del pantalón.

—¿Qué pasa? —comenté. Distorsión se limitó a mirarme a través de su holograma, pero le conocía bien, y esa quietud al mover la cabeza quería decir “¿de qué se supone que estás hablando?”

Miré al suelo y me di cuenta de que una rata me estaba mordisqueando el pantalón. La sorpresa me hizo trastabillar y tiré al suelo un pulsador viejo y oxidado que no tenía ni la más remota idea de qué podía activar, pero que al caer bastó para delatar nuestra posición. La rata del demonio, que estaba tuerta como su dueño, salió por patas y se metió dentro de su abrigo. Por supuesto Éxeter ya se había girado y nos había localizado. Al mismo tiempo, el personaje vaporoso de la pantalla nos miró con atención.

Éxeter, de hecho, nos escrutó como si nos hubiera visto antes y soltó una sencilla frase que creo que resumió bastante bien su opinión de nosotros.

—De todos los sitios del Universo en los que meter las narices, teníais que venir justo aquí —sentenció.

Distorsión se puso serio y se colocó centrado a lo ancho en la sala, conmigo a un lado. Como si alguna cámara nos estuviera grabando para la posteridad.

—Sean cuales sean tus planes, acaban aquí y ahora, Éxeter —soltó henchido de orgullo. Sí, vale, era una frase muy manida, pero ¿cuántos de vosotros os hubierais resistido a soltarla justo en ese momento?

—Eso es precisamente lo que me temo, colegiales —sentenció Éxeter sin moverse ni un milímetro, como si aquello fuera un duelo y estuviera a punto de disparar.

—¿Quiénes son éstos? —preguntó el de la pantalla—. ¿Aliados de Reflector, aprendices de héroe, o simplemente un par de locos suicidas?

—Ni idea, pero corta la transmisión y déjamelos a mí.

—¿Y perderme esto? ¡Ni hablar!

Éxeter cerró su único ojo y se llevó la mano a la cara. El por qué de ese gesto, no tenía ni idea en aquel momento.

—Muy bien, entonces —dijo metiendo la mano en el bolsillo apenas un segundo. Acto seguido, montones de avispas empezaron a surgir de agujeros en la pared, suelo y techo, hasta formar un verdadero enjambre frente a nosotros.

—Tenéis una última oportunidad, mocosos. Largaros ya mismo o lanzaré este pequeño ejército contra vosotros y desearéis no haber nacido —proclamó con gesto de amenaza.

Miré a Distorsión con gesto de preocupación, dado que allí mis poderes no servían de mucho, al menos no que se me ocurriera. Es decir, podía rebotar láseres, pero ¡nos estaban atacando con insectos! Distorsión, sin embargo, estaba en apariencia callado y muy quieto, y sospechaba a qué podía deberse esa actitud.

—Espera, hablemos un momento. Sabemos cuándo estamos en inferioridad, y siempre podemos reconsiderar cambiarnos al bando ganador si la alternativa es la muerte.

Éxeter le miró con cara de plena incredulidad. Y entonces comprendí que sí sabía quiénes éramos nosotros. ¿Pero por qué no le había dicho nada a su socio, el nubarrón de la pantalla? ¿Acaso tenía planes propios en solitario?

—Buen intento, chaval. Ahora esfúmate.

—¿Esfumarse? ¡Mátales! —proclamó el de la pantalla.

—¿Para qué, para que otros vengan a buscarles? —protestó Éxeter.

—¿Sabéis lo que más me gusta de vosotros los villanos? —dijo de repente Distorsión levantando la mano hacia Éxeter—. Que sois incapaces de pasaros ni cinco minutos sin discutir entre vosotros.

Al instante un hubo una ligera explosión en el bolsillo de la gabardina de Éxeter, y todas las avispas empezaron a dispersarse aleatoriamente, sin ninguna clase de orden ni jerarquía, como lo que simplemente eran, insectos desorientados. De modo que los controlaba por medio de una máquina que tenía guardada en su bolsillo, tan precisa y sofisticada que Distorsión tuvo que concentrarse para aislarla y localizarla, tal vez porque no era más grande que un dedo pulgar.

Era obvio que Éxeter tendría más de esos trastos guardados por si las moscas, y nunca mejor dicho, los cuales Distorsión no podría inutilizar hasta que no empezara a usarlos. No había más que ver cómo Éxeter metía la mano en otro de sus bolsillos. Pero conozco bien a Distorsión y para él la pelea acababa de alcanzar un nuevo nivel.

Por eso creo que Éxeter se sorprendió cuando, al mirar hacia delante de nuevo, lo primero que recibió fue un sonoro puñetazo que le derribó al suelo.

Distorsión no se limitó a verle caer, por supuesto. Se colocó sobre él, listo para servirle ración doble de lo mismo, pero Éxeter paró el puño con la mano y le dio un cabezazo tan brutal que por poco Distorsión pierde el conocimiento. Aquel tío sabía jugar sucio, sin duda.

¿Y yo qué podía hacer? Los dos estaban enfrascados en la pelea cuando de repente, de uno de los bolsillos de Éxeter, cayó un dispositivo que no era el que Distorsión había frito, dado que ese estaba en otro bolsillo distinto. Fui corriendo hacia allí y lo agarré. Parecía sencillo, apretar y esperar, pero ¿sabría usarlo correctamente?

Ah, qué demonios, pensé.

Éxeter me miró y cuando se dio cuenta de lo que tenía entre manos se olvidó de Distorsión y trató de detenerme. Pero ya era demasiado tarde. Para cuando quise darme cuenta una especie de holograma me cubría de los pies a la cabeza, un holo que yo misma no podía ver pero que los demás sí notaron.

—¡Impresionante, Éxeter! —dijeron al otro lado de la pantalla­—. ¡Veo que has renovado tus trucos!

Lo que me dejó desencajada fue que, nada más ver el holograma, Distorsión dejara de forcejear con Éxeter, se quedara muy quieto y, acto seguido, reventara la pantalla usando sus poderes. ¿Qué era lo que estaba pasando?

Éxeter se levantó, se acercó hacia mí y me quitó el holograma con sus propias manos. Era tal su determinación y su cara de enfado que fui incapaz de reaccionar, aún confusa por el comportamiento del propio Distorsión.

—Felicidades, novatos —dijo con voz amarga—. Puede que acabéis de fastidiar mi operación de infiltración.

—¿Infiltración? —pregunté, incrédula—. ¿Ahora quién trata de vendernos la moto?

Pero Distorsión seguía callado, y al fin habló.

—Echo… tiene razón. Tú no lo has visto porque lo estabas usando, pero el holo que has activado…

Se paró un momento antes de continuar, pero no tardó en hacerlo.

—El holo que has activado te ha dado por un momento el mismo aspecto que el que emplean Los Caídos.

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