jueves, 21 de noviembre de 2013

The Jammers 008: Heartbroken





(Portada: Natalia Cano)






Hey I feel great
I feel strong does it really seem so wrong
Not too long
For you and the way you've been trying
To control me
Well you know what
Those days are over

Hooverphonic. The Night Before

Esta vez sí que recuerdo bien dónde me quedé. ¿Cómo no recordar algo así? Como si de una pesadilla se tratara, una sospecha terrible acababa de anidar en mi corazón. ¿Podía ser posible que aquel chico tan majo y por el que, aunque me lo negara, sentía algo, fuera al mismo tiempo esa silueta de rostro pixelado tan llena de odio y que se hacía llamar a sí misma Breakdown? Me costaba creerlo. Conmigo era tan amable, tan sincero… una mujer sabe de esas cosas. ¿O tal vez me estaba negando a ver lo que no quería ver? Era poco lo que sabía de él, pero ¿qué era lo que sabía él de mí? Nada, tampoco. Nada en realidad. Ambos éramos desconocidos el uno para el otro.

No conté nada de mis sospechas a los demás. ¿Cómo hacerlo? Cuando me preguntaron sobre cómo estaba tan segura de que esa era la frase, me limité a adornar mi respuesta con una escueta verdad.

—Es lo primero que me ha venido a la cabeza después de estar tantas tardes en los edificios recreativos.

Y el caso es que el análisis por letras de Fase confirmó que estaba en lo cierto o, como diría él, que había un 0,003% (aproximado) de probabilidades de que estuviera equivocándome. ¿Pero, qué quería decir eso en realidad? ¿Era una prueba de que se trataban de la misma persona? No tenía por qué… simplemente había hecho hincapié en el parecido entre ambos con una expresión que no estaba fuera de lugar en un satélite como aquel.

Claro, Echo, me dije a mí misma. Sigue soñando.

Pero aún había muchas cosas que no entendía, en caso de que dos y dos fueran cuatro. ¿Por qué era tan amable conmigo y tan amenazador con Distorsión? Realmente, ¿era una amenaza en el sentido literal de la palabra?

Lo peor de todo era que parecía tener alguna clase de poder también, como demostró el hecho de que pudiera manipular las luces y el tono de su propia voz. O quizás eran trucos baratos de feria destinados a confundirnos, asustarnos.

El caso es que me fui a mi habitación a dormir y a los pocos minutos alguien dio dos golpes leves con los nudillos. Gesto inequívoco que caracterizaba a su portador.

—Pasa, Fase —dije sin dejar de mirar a la pared vacía, con medio rostro hundido en la almohada.

Cerró la puerta tras de sí y me miró con cara de preocupación.

—Creo que te puedes imaginar por qué he venido en silencio, sin que otros me vieran, y sin decir nada a nadie.

Le miré fijamente. Su actitud jovial estaba de vacaciones. Fase tenía un temperamento muy bromista y solía ser charlatán, pero como ya se ha visto alguna vez antes, el destino solía mostrarse amargo y convertirle en el portador de las malas noticias.

—Vale, no me he dado cuenta inmediatamente, ¿de acuerdo? Hacerme el guay se lo dejamos a Distorsión y a los otros. Pero luego lo he pensado, me he acordado de dónde has estado todos estos días, de que algo ha ocupado tu mente este tiempo, y al ver tu rostro de inquietud al escuchar la frase, aunque no sepa rellenar los huecos, he entendido lo que crees sospechar.

—Tú le viste, ¿no? ¿Qué crees?

—Yo que sé, Echo. Es un vídeo de noche, no está precisamente cerca del objetivo y tiene la cara a puntitos. ¿Qué vas a hacer?

—Para empezar, podría habérmelo dicho —comentó Distorsión tras entrar en la habitación. Me puse en pie, incapaz de creer lo que estaba presenciando.

—¡Me has espiado!

—Ocultabas algo, algo importante que necesitaba saber.

—Mi vida privada no es de tu incumbencia —dije cabreada, mientras Fase se echaba a un lado, azorado por encontrarse en el medio de la discusión.

—¿Qué no es de mi incumbencia? Yo diría que me han metido de lleno en ella, y pensabas dejarlo correr como si nada.

—No, como si nada no, aún no había tomado una decisión sobre qué hacer al respecto.

—No le hubieras delatado, te conozco muy bien. Y puede que él también, y por eso te haya elegido a ti, para dividirnos y así atacarnos con mayor facilidad.

—¿Atacarnos? Perdona, Superman del tres al cuarto, ¿qué tal si simplemente fuera un seguidor fanático?

—¿Y eso qué importa? Sólo dices esas cosas para llevarme la contraria.

—Hago eso porque desconfías de todo el mundo por norma.

—Este noviete que te has echado no tenía ni la más remota posibilidad de ganarse mi confianza. Ni siquiera sabes su nombre.

—No, no lo sé. Pero ¿acaso sé el tuyo? ¿Qué pasa, que ahora somos normales, que tenemos que llevar vidas perfectas?

—No me gusta ese tipo, no te conviene.

—Yo iré con quien me da la gana, ¿te enteras? ¿Qué tal si a lo mejor le gusto de verdad y todo?

—Sí, seguro que es por eso por lo que se te ha pegado como una lapa.

—Mira, caranieve…

Distorsión me miró muy fijamente. Sólo una persona antes le había llamado así. Heinrich Beckon, Génesis, uno de nuestros enemigos.

Hubo un terrible silencio. En el aire flotaba la posibilidad de decir alguna frase que tal vez nunca pudiera ser borrada. Por fortuna de repente apareció Overdrive desde el pasillo, con cara de sueño y pocos amigos.

—Eh, Norte y Sur, dejad vuestra trifulca y venid a ver esto. En vivo y en directo.

Dejamos la discusión aparcada, pero no olvidada, y salimos hacia la sala central, donde Adrian y Delay miraban a un programa de la tele que estaba emitiendo un concierto en directo. Allí estaba él, ese tal Breakdown, sobre un escenario. Justo acababa de terminar de tocar y le estaban entrevistando. Su semblante emborronado irradiaba la misma amargura que en aquel vídeo que tanto y tanto analizamos.

—… por eso digo que este holo, en efecto, es un homenaje a Distorsión, un cantante al que deseo retar, en un sentido musical, a que toquemos juntos, pues su música ha supuesto una gran influencia sobre mis propias composiciones… él mismo ya lo sabe, pues haciendo gala de su fama de héroe, le he lanzado el desafío al más puro estilo de los supervillanos con los que se ha enfrentado…

Distorsión apagó el programa, furioso. O más bien, reventó el aparato donde se estaba emitiendo.

—Está jugando con nosotros. No sé qué demonios pretende.

—¿No podría simplemente ser un sujeto con afán de protagonismo? —apuntó Adrian—. Y ahora tendré que encargar otro terminal.

—Ojalá —dijo de repente Delay marchándose hacia su cuarto—. Así podría olvidarme de todo e irme a dormir en paz sin que nadie me sacara del séptimo sueño.

Poco a poco todo el mundo se fue marchando. Sólo nos quedamos Distorsión y yo, incapaces de mirarnos a los ojos. Ninguno dijo nada en un buen rato, finalmente hablé yo.

—Escucha, vamos a suponer que son la misma persona. En ese caso me conviene estar cerca de él sin que sepa mis sospechas, porque dudo mucho que cuando habló contigo y te soltó aquello dedujera que íbamos a juntar las piezas del rompecabezas.

—Me preocupas tú, Echo. No sólo tu seguridad, también tu objetividad.

—Volvemos a lo mismo, ¿verdad? —dije, enfadada—. Yo te digo que si me hubiera mentido, lo sabría.

—Y yo te digo que ese tipo no es de fiar. Lo huelo a kilómetros.

—Bien, seguiremos como hasta ahora entonces. Yo vigilaré a mi noviete, como le has llamado, tú limítate a enterarte de más cosas de ese tal Breakdown. Si en algún momento nos encontramos, ya intercambiaremos información.

—Bien.

—Bien.

No es la mejor manera de acabar una discusión, pero tampoco la peor. A lo que una duda asaltó mi mente. ¿Estaría Distorsión… celoso? Así de tontos son los chicos a menudo, basta con que algo sea inalcanzable para quererlo de repente. Pero sinceramente, más bien pensaba que estaba afianzado en su terca hipótesis. Admito que había muchos indicios raros con ese chico, pero sabía que no me mentía. Lo sabía. ¿Por qué lo sabía? Lo sabía, era así. Sexto sentido de mujer, llamadlo de esa manera. Eso por lo que te das la vuelta cuando sabes que un salido te está mirando el culo o por lo que eres consciente de que mientras esté en tu mano esa cita jamás entrará en tu habitación. Eso que los hombres jamás han sabido utilizar, y por lo que han inventado un mundo de normas y leyes basado en pruebas, en documentos, y no en diálogo, charlas ni sentido común.

***

La tensión al día siguiente se podía cortar con un cuchillo. La mañana pasó lenta como la formación de una montaña, cada minuto era insoportable en espera de que llegara la hora a la que muy probablemente me encontraría otra vez con él y tendría que ponerle entre la espada y la pared. Todo el mundo respetó mi necesidad de soledad y silencio, sobre todo Distorsión; directamente, no estuvo allí en ningún momento, ya habiéndose marchado antes incluso de que despertara.

El caso era que si lo que Breakdown quería era dividirnos me descubro el sombrero, porque lo había logrado como ningún otro de nuestros enemigos lo había conseguido jamás, ni siquiera la astuta y peligrosa Desdémona. Y sin necesidad de lanzarnos siquiera un solo puñetazo.

La tarde llegó y me aproximé a la salida, con todos mirándome marchar. Era absurdo que nadie me acompañara, pues tenía que seguir aparentando normalidad. Por otro lado ya era mayorcita para cuidarme sola, y si realmente Breakdown tenía poderes como los nuestros entonces no había duda de que era quien mejor podría hacerle frente de todos nosotros.

Llegué a los edificios recreativos, me dediqué a echar un par de fichas aquí y allá y no tardó en aparecer, como las otras veces. La diferencia era que yo ya no estaba siendo la misma sino jugando a los engaños, las mentiras y los dobles sentidos. El primero de todos: de repente sí me apetecía jugar al Keyboard Hero. Si sabe quién soy, al menos le voy a machacar en mi terreno, me dije a mí misma.

Mi sorpresa fue que ¡perdí! Aunque por una ventaja muy ajustada, sólo unos pocos puntos. Endemoniados juegos musicales, pensé para mis adentros, tan poco representativos de lo que es tocar un instrumento en realidad.

Luego de eso nos fuimos a tomar algo y charlar. Todo era igual y, al mismo tiempo, todo había cambiado. Y sin embargo, algo en mí me dijo que ese chico me gustaba de veras, tal vez un espíritu de contradicción por el hecho de que me hubieran casi prohibido volver a verle de manera tajante.

En ese momento empezó la ronda de las preguntas con dardo.

—¿Tocas algún instrumento? —dije sin más vacilación. Él se limitó a reír.

—Te voy a dejar que lo adivines, pero te daré una pista. ¿A qué te he pegado una paliza hoy?

Le miré seriamente. Si estaba jugando conmigo, tenía descaro para dar y tomar.

—¿Dices en serio que tocas el teclado? Pero yo te dije que quería dedicarme a ello, ¿por qué no lo mencionaste?

—No quería quitarte el protagonismo. Hubo un tiempo en que el teclado fue mi vida, pero ahora no es mi prioridad. En concreto, toco el Keytar.

—De modo que nada de sentado… de pie y con correa, como una guitarra eléctrica. Bueno, es algo que nunca he probado.

—¿Te gustaría probar?

Levanté muy ligeramente una ceja.

—No tienes que decir nada que no quieras decir —añadió.

—Claro… claro, sí me gustaría —contesté al fin—. ¿Vives por aquí?

—Como tú, no tengo hogar. Estoy alquilado temporalmente por esta zona.

Para cuando salimos, me di cuenta de que se había hecho de noche. Habíamos estado muchísimo más tiempo del habitual de cháchara. El tiempo literalmente se me había pasado volando.

—Es aquí —dijo abriendo un portal desvencijado—. Última oportunidad.

—No me asustas —dije, tal vez con doble significado.

Pero de repente, sobre nuestras cabezas, apareció algo que sí lo hizo. Era una especie de robot esférico, que orbitaba de manera espasmódica.

—¿Qué es eso? —dije señalándolo, tratando de fingir ser una chica en apariencia normal, pero lista para rebotar toda clase de ataques si era necesario y no había más remedio que ponerme al descubierto. Pero para cuando me quise dar cuenta, un haz de energía desconocido nos bañó a ambos, o tal vez a mí y por extensión a mi acompañante, a tanta velocidad que fui incapaz de reaccionar. Pero nada parecía habernos pasado, o al menos no me sentía distinta en ningún sentido.

—¿Estás bien? —preguntó, a lo que contesté afirmativamente. De repente esa cosa se quedó quieta, como si estuviera contactando con algo o alguien, y sin previo aviso, cuando ya estaba más lejos de nosotros, cayó reventada al suelo.

Resoplé para mis adentros. Así que Distorsión nos estaba siguiendo. Para vigilar que no me pasaba nada. A distancia amplia, eso sí, pues parece que sólo pudo atacar al trasto cuando se hubo alejado. Justo donde cayó empezaron a aparecer transeúntes que lo rodearon y no tardó en hacer acto de aparición un poli, por lo que decidimos dejarlo correr, no sin estar un poco preocupados por lo sucedido mientras subíamos.

—¿Qué podía ser eso? —pregunté, tratando de sonsacarle alguna clase de información.

—No lo sé. No lo sé en absoluto.

Y al mirarle a los ojos, supe que no mentía. Que no tenía nada que ver con él, ni con ninguna clase de plan. Y algo en mi interior se encendió, algo que aún no sé calificar con propiedad, pero que temo saber qué es exactamente.

Su piso era lo más escueto imaginable, con apenas lo justo para sobrevivir y pasar el rato, al margen de su Keytar apoyado en una pared. Me trajo muchos recuerdos de mí misma y el pasado que había dejado atrás, en Wingbolt.

Estuvimos horas y horas charlando. Si Distorsión estuvo fuera vigilando creo que debió pasar un rato bastante malo, justo al contrario que el mío, que se me pasó volando. Charlamos de escalas de teclado, de videojuegos, de películas, de la muerte… un pequeño microcosmos condensado en una sola noche. Pero me lo pasé tan bien. Era tan gratificante saber que alguien comprendía lo que implicaba la escala menor de La, o lo que era haber pasado tantas noches en un piso vacío y sin nadie con quien poder hablar.

Como ocurre con estas cosas, lo que sucedió, empezó a suceder al amanecer. Estábamos sentados en el sofá y ya me iba a marchar cuando de repente la mirada se prolongó durante más tiempo, y lo siguiente no fue más que una sucesión de acontecimientos viejos como el mundo. Empezamos a besarnos, a explorarnos con las manos, y ese rato genial que duró mucho menos de lo que hubiera deseado de repente se esfumó cuando, al quitarle la camiseta, vi algo que tarde o temprano hubiera encontrado.

Una cicatriz. Una cicatriz en el costado izquierdo. Como un agujero. Quemada.

Me puse en pie y le miré a los ojos. No. No era verdad. No podía ser.

—Me temo que ya lo has entendido por completo.

Y todo empezó a cobrar terrible sentido. Tocaba el teclado. El teclado. Yo había ido al grupo a hacer una sustitución. De alguien que había sido muy amigo de Distorsión.

—No puede ser. Dijo que estabas muerto…

—Eso dijo, ¿verdad? Bueno, tenía razón. No te mentí. Pasé mucho tiempo en coma, y cuando desperté, en efecto había muerto. Ya nunca más volví a ser Reverb. A partir de ese momento, roto por dentro, sólo podía llamarme Breakdown.

—Quiero… marcharme. Déjame irme. No trates de impedírmelo.

—Jamás. Eres libre de irte. Nunca te retendría contra tu voluntad.

Me volví a poner la blusa y a arreglarme a toda prisa, y mientras me dirigía a la puerta él no hizo ademán alguno de tratar de evitarlo. Aún estaba muy confusa y dolida, así como traicionada en todos los sentidos posibles, por unos y otros.

—Lamento que nos hayamos tenido que conocer de esta manera. Pero lo que hay entre Distorsión y yo tiene que acabar… tarde o temprano.

Y entonces sí atisbé el odio que impregnaba el corazón de Reverb, porque en ese momento no podía pensar en él con su otro nombre, un nombre nacido del odio y la rabia, e imaginé su rostro pixelado por encima, y la imagen se superpuso a la perfección como una máscara de hierro sobre el rostro de un recluso.

—¿Por qué? ¿Por qué tiene que ser así? ¡Él era tu amigo! ¡Es tu amigo!

Sólo se limitó a quedarse quieto y añadir:

—Lo siento, Echo.

Salí de allí corriendo, bajando los escalones de dos en dos, como si hubiera visto al mismísimo Diablo. Cuando llegué a la calle, no tardé mucho en adentrarme en callejones oscuros y encontrarme con Distorsión cara a cara. Había estado toda la noche fuera, esperando. No pude evitar que una lágrima me asomara por el rostro.

—Sabía que ese cerdo no era de fiar. Voy a subir y…

—¡No! —grité, cerrándole el paso—. Él no me ha hecho nada. Tú tenías razón, y yo también. Él es —vacilé— Breakdown, pero al mismo tiempo, él me quiere de verdad. Es a ti a quien odia. Pero por favor, no subas. Hazlo por mí.

¿Cómo podía decirle que su mejor amigo, al que tanto apreciaba, ha vuelto y le odia más que a nadie en el mundo? No podía. Pero tenía que confesárselo a alguien y pedirle consejo. Por eso, al llegar al Acorde Cósmico, en cuanto pude le pedí a Adrian que habláramos a solas.

—Sea lo que sea que me vayas a decir, te prometo que no se lo contaré a nadie —dijo. Yo lo tenía claro, y además nadie nos espiaría. Con mis capacidades para rebotar el sonido me estaba encargando a conciencia de ello.

—¿Qué le pasó a Reverb, Adrian?

—Yo… —dijo azorado. No le hicieron falta ni dos segundos para tener el puzzle completo.

—¿Qué fue lo que le ocurrió?

—Un accidente. Con las máquinas de este mismo lugar. Pero él no tuvo tanta suerte como vosotros. Su cuerpo se moría, y necesitaba un soporte vital que le mantuviera con vida. Yo no podía hacer nada. Por segunda vez en mi vida me quedé paralizado ante el dolor de un ser querido, porque le quise tanto como quiero a Distorsión. Sin embargo, Distorsión tuvo otros planes.

—Se conectaron… por medio de alguno de estos artefactos endemoniados, ¿verdad?

—De modo que tiene una cicatriz gemela a la de Distorsión. Esa es la prueba definitiva.

—Yo pensaba que las quemaduras de Distorsión…

—No tienen nada que ver con la herida de su costado. Como ves, ha sufrido más de lo que podemos siquiera imaginar. En cuanto a Reverb, estaba muerto. No podíamos hacer nada por él, y le abandonamos. Sin nombre, sin pasado… esperábamos que le encontrarían y le darían un entierro digno.

—Pero no murió, Adrian —dije con aflicción—. No al menos en términos físicos.

—Estoy de acuerdo contigo en no decirle nada a Distorsión, pero ¿crees que…?

—No lo sé. No sé qué pretende ni de lo que es capaz.

—Sólo hay un modo de averiguarlo y es plantándole cara. Por eso, si prefieres mantenerte al margen, lo entenderé.

—No —repliqué—. Esta es ya mi pelea, y ahora yo también necesito respuestas.

***

Como era de esperar, nadie apareció por la casa de Breakdown en todo el día. Eso, sin embargo, no nos supuso ningún problema. Por una vez, estuvimos en la otra cara de la moneda, la de nuestros enemigos. Porque Breakdown era músico, como nosotros. Porque tenía conciertos, y giras. Y esa misma noche tocaba en un bar de poca monta, pero donde solían hacerlo grandes instrumentistas.

Lo peor de todo era que escuché su música y era un excelente compositor, con muchísimo talento. Distorsión y él debieron hacer cosas increíbles mientras estuvieron juntos, así como Overdrive. Por otro lado fue una suerte que Overdrive nunca nos viera juntos… sólo él, aparte de Adrian y Distorsión, le hubiera reconocido nada más verle.

Cuando llegamos al local, aún vacío, le encontramos en mitad de la sala, preparando los cables de los amplificadores. Llevaba su holo pixelado puesto, y su voz, como pude notar nada más habló, era ligeramente distinta que su tono normal. Por eso tampoco Distorsión logró deducir su identidad al escucharle.

—Imaginé que no tardaríais en aparecer.

—Cállate —dijo Distorsión. Breakdown dejó lo que estaba haciendo y se encaró con él.

—Te he visto por televisión. Siempre de mal humor, arisco, cortante con tus propios amigos. Pero apuesto a que ya eras así en el pasado, que te creías que nadie lo había pasado tan mal como tú. No tengo nada contra vosotros —dijo señalando a Overdrive y los demás—, esto es sólo entre él y yo.

—¿Cuál es tu problema, tío? —preguntó Distorsión, furioso.

—No te importa. Simplemente voy a por ti y tengo mis motivos.

—¿Ah, sí? ¿Y qué sabes hacer, copia barata del tres al cuarto?

—¿Qué tal esto? —dijo agarrando el Keytar y, al hacer un acorde, provocar un sonido tan agudo que nos lanzó a todos al suelo. Pero yo me logré poner en pie, rebotándolo en otra dirección.

—Sólo tú eres mi igual, Echo —dijo mirando en su dirección—. Pero esto no podía haber sido de otra forma. Lo siento.

Distorsión se levantó con un gran esfuerzo y concentró sus poderes en inutilizar el Keytar de Breakdown. Pero por algún motivo el sonido seguía emitiéndose, aunque fluctuaba con mayor dificultad.

—Aún no lo entiendes, ¿verdad, Distorsión? ¡Puedo aumentar o reducir la intensidad de las ondas! ¡Hasta tal punto que tus poderes son anulados por los míos!

Aun así Distorsión no se rindió y siguió esforzándose, luchando contra el atronador poder de Breakdown. El resultado fue que por un lado el Keytar acabó por romperse y por otro Distorsión cayó al suelo, extenuado y sin duda herido.

—¿Y ahora qué… copia? —dijo Distorsión tratando de levantarse.

Breakdown rió por lo bajo.

—Veo que sigues sin entender. No necesito máquinas para atacarte. Mi propia voz —y de repente sus palabras fueron como un taladro sónico, que se metía más y más en nuestros oídos— me basta para torturarte.

Los demás estaban anulados, doloridos. Fase y Delay sangraban por los oídos. Aquello era demasiado. Me puse en medio, tratando de contener aquel tremendo tsunami acústico.

—¡Basta! —grité—. Ya basta, Reverb.

Pero nadie podía escuchar nuestra conversación, porque había creado una burbuja alrededor de los dos de tal modo que sólo había silencio afuera nuestro. Eso, sin embargo, hizo que su ataque me afectara en exclusiva a mí, y me llevé las manos a las orejas, retorciéndome de dolor.

No tardo en detenerse, sin embargo, y una vez lo hizo y recuperé el aliento, poco a poco, me acerqué hacia él. Le dejé hablar.

—Él me abandonó como a un perro, Echo. Me dio por muerto, y antes de eso, era insoportable ser su amigo. No comprendo cómo Overdrive le ha aguantado todos estos años.

—Él intentó salvarte la vida, ¿no lo entiendes?

—Mi odio hacia él es más sutil que algo tan simple como eso. ¿Sólo se puede odiar a los asesinos? ¿No odiamos también a los que más hemos querido, incluso aunque te echen de menos?

—Basta, Reverb. Déjalo ya.

—Ya no soy Reverb. Soy Breakdown. Tú lo sabes mejor que nadie. Te dije que no tenía familia ni amigos. Que estoy solo.

—Me tienes a mí. Por favor, ven conmigo. Distorsión te perdonará…

—¿Perdonar? —dijo elevando el tono de su voz—. ¡Él es quien debe humillarse ante mí! ¡Porque es tal mi poder que podría matarle con mi propia voz si quisiera!

Retiró el holograma de su rostro, y entonces vi que sus propios oídos estaban sangrando también. Él no era inmune a sus propios ataques, al propagarse el sonido de su voz de manera esférica.

—Pero entonces… si le mataras con la voz… tú morirías también.

No dijo nada, y comprendí que era tal su odio hacia Distorsión que ese sería para él un precio pequeño a pagar por consumar su venganza.

Suspiré. Porque tenía que decir algo que, seguramente, sellaría mi vida al completo.

—Yo… yo te quiero, Reverb. Quiero estar contigo, ayudarte. Pero si te opones a mis amigos no puedo estar a tu lado ni hacer nada por ti, porque no deseas ser ayudado.

»Por eso, si alguna vez tratas de usar ese poder, si alguna vez tratas de atacar a Distorsión con la voz para matarle, no me quedará más remedio que rebotar ese ataque. Y entonces el que acabarás muerto serás sólo tú, consumido por el alcance de tu rabia.

—Lo entiendo. Pero eso nos convierte en antagonistas, entonces.

—Pero no en enemigos —dije con tristeza, al tiempo que aumentaba el campo hasta anular todo sonido alrededor de nosotros. Miré atrás, hacia los demás, aún en el suelo, doloridos, sin haber presenciado aquella escena.

Luego de eso miré a Breakdown. Una mirada de tristeza y decepción. Quise besarle pero fui incapaz de ello, y di un paso atrás. Él también se apartó, activando su perturbador holo pixelado de nuevo. Me limité a ver cómo se alejaba, ya sin equipo que recoger pues Distorsión había destrozado el que yo sabía que era su único Keytar.

—Adiós, Echo —noté que decían sus labios con lentitud.

—Adiós… Reverb —murmuré para mí misma mientras observaba quieta cómo la persona a la que me había sentido tan unida salía de aquel local, para acto seguido ayudar a mis amigos, aún heridos en el suelo.

***

Junto al edificio de los recreativos al que solía ir, había un pequeño parque. Un lugar de reposo modesto, tranquilo y apacible, quizás demasiado lleno de pintadas de bandas, pero agradable en el fondo. En el interior de ese parque había un lago. Artificial, por supuesto, y con poca profundidad, pero lago al fin y al cabo, con sus juncos saliendo del agua, su fondo arenoso y sus pequeños bancos de peces esquivos.

Al día siguiente de que todo acabara, y tras echar un par de partidas al Street Fighter II, Ryu versus Ryu, di con mis huesos en la orilla de aquel lago. Sentada, tratando de estar en calma conmigo misma. Cogía pequeñas rocas pulidas, las tiraba cerca de la orilla y acto seguido dejaba que las ondas del agua se propagaran hasta llegar a mi entorno, donde hacía que rebotaran como si hubieran chocado contra un muro invisible.

Supongo que un físico o alguna otra clase de científico se hubiera maravillado de ver un espectáculo así. Yo sólo podía pensar cómo algo tan hermoso podía al mismo tiempo estar involucrado con tanto odio, violencia y muerte.

—Debí suponer que estabas aquí —escuché decir a mi espalda.

Distorsión se sentó sin decir nada más. Su rostro quemado miraba al horizonte deslumbrante. Era raro verle así, a plena luz del día. Solía ser más bien criatura de costumbres nocturnas.

—No hemos averiguado nada de ese robot que te atacó. Parece que no tenía nada que ver con Breakdown.

—No te preocupes. Adrian dice que estoy bien, y aun así me someterá a reconocimientos periódicos.

—No es tu bienestar físico el que más me preocupa.

Le miré a los ojos. Eran muy similares a los de él. Pero, al mismo tiempo, había pasado por tantas cosas malas que habían crispado el resto de su semblante… aún me costaba entender cómo alguien tan consumido por el odio como Breakdown podía tener esa faceta de paz interior sincera, y sin embargo Distorsión controlaba sus impulsos pero nunca se dejaba llenar por tan siquiera una efímera sensación de felicidad.

—Lamento no haberte hecho caso. Él no era de fiar.

—Los dos teníamos razón. Lo que él sentía por ti era sincero. Tal vez eso fue lo que le detuvo en última instancia. Tal vez tu influencia pueda cambiarle algún día.

Agaché la cabeza y suspiré. No podía contarle a Distorsión la verdad. Que Breakdown era en realidad su mejor amigo. Eso le destrozaría. Tenía que ser el propio Breakdown, no, Reverb, quien se lo dijera, una vez dejara el odio y la venganza atrás. Pero eso no sería fácil. En absoluto.

Desdémona, Génesis, Breakdown. Cada vez más enemigos, todos ellos muy peligrosos para sí mismos y para los demás. Si aquel era el precio de ser un héroe, de ayudar a los demás, era sin duda un precio muy duro de asumir.

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