miércoles, 17 de octubre de 2012

The Jammers 003: Ice Queen



(Portada: Amaia Ballesteros)




Whenever she is raging
She takes all life away
Haven’t you seen?
Haven’t you seen?
The ruins of our world

Within Temptation. Mother Earth

¿Dónde estábamos? Ah, sí. Ya recuerdo. Creo que os estaba hablando de cuando una tal Desdémona irrumpió en las habitaciones del hotel en el que nos alojábamos, estando allí solamente Distorsión, Adrian y yo misma, y tras pegarnos una paliza de campeonato usando varios chismes específicamente diseñados para neutralizar nuestros poderes se llevó consigo a nuestro mánager.

Lo de la paliza lo podíamos aguantar. Nuestro orgullo ya había sido herido en otras ocasiones, física y verbalmente. Pero la revelación de nuestro mánager y padre adoptivo de Distorsión, en sentido metafórico, fue poco menos que sorprendente e inesperada.

—Se llama Diane Harvester, y era y sigue siendo mi mujer.

Y tras eso se marcharon. Como si pudiéramos hacer algo para detenerles, yo apoyada en una pared debido a un disparo de láser en el hombro, Distorsión con una rodilla en el suelo, toda su energía drenada por una pequeña esfera diseñada con tal traicionero fin. Y no os engañéis, mis heridas podían parecer más graves, pero no era así en absoluto. Tratad de pensar qué pasaría si os hicieran correr días enteros sin parar ni deteneros y podréis comprender hasta qué punto el líder de The Jammers estaba al límite del desfallecimiento.

No tardaron mucho en llegar Overdrive, Delay y Fase, y en cuanto vieron la puerta abierta y se encontraron con el panorama lo primero que hicieron fue vigilar en todas direcciones, pero les hicimos comprender que el peligro ya había pasado.

Overdrive se sorprendió de ver a Distorsión tan débil y fue a ayudarle, pero éste le apartó de manera sutil pero contundente y trató de levantarse por sí mismo.

—Estoy… bien. Atiende a Echo, ha recibido… un disparo.

Pero no estaba bien, ni de broma, vamos. Y por otro lado, no era por orgullo por lo que se comportaba de esa manera. Realmente estaba más preocupado por mí que por sí mismo, en ese sentido era un caballero de los que ya no hay. Pero no iba a permitir que hiciera el tonto de esa manera, por lo que yo misma me acerqué a él y le ofrecí la mano para levantarse, la del lado derecho, donde no me habían herido. Supongo que de otro no la hubiera aceptado, pero de mí misma no tuvo más remedio que hacerlo, rindiéndose a la evidencia. Una vez en pie quedó claro que necesitaba reposo inmediato, pero se mantuvo en esa posición, con la mano sujetando el costado, a la altura de su cicatriz. Apagó el holograma del rostro y fue entonces cuando vimos su cara crispada por el cansancio. Aun así no se movió un milímetro de su posición, y a partir de ese momento supe que ya sí que era el orgullo y la cabezonería lo que le mantenían en pie.

—Fase, acompaña a Echo a su habitación. Delay, ve a avisar a los empleados del hotel de que hemos sido atacados. Overdrive, a partir de este momento tú estás al mando mientras no esté recuperado.

Hizo tremendos esfuerzos para no trabarse al hablar, pero momentos como ese dejaban patente que nuestra confianza en sus dotes de mando era incuestionable. Podía no ser el mejor líder del mundo, pero su voluntad nos unía a todos sin reservas.

Por supuesto siempre podíamos contradecir sus órdenes o más bien reinterpretarlas, y de ese modo, como jefe en funciones, la primera decisión de Overdrive fue cargar con Distorsión y llevarle conmigo, tumbándole en mi cama en cuanto vieron que yo estaba mejor.

—Sólo ha sido una herida superficial —dije arrancándome la manga y comprobando que, en efecto, el láser no había llegado a quemar músculo ni hueso, lo que no quitaba para que necesitara atención médica, por supuesto.

En el caso de Distorsión lo único que podía hacerse por él era dejarle descansar, aunque fuera una recomendación que ni el propio paciente estaría dispuesto a seguir.

Unos minutos después Delay reapareció, solo por completo, lo que nos resultó cuanto menos extraño.

—Ya han sido avisados —dijo con su clásico estilo lacónico.

—¿Y bien? —preguntó Overdrive—, ¿no deberían estar ya aquí?

—No va a venir nadie —se limitó a contestar. Todos nos quedamos callados, dándole a entender que deseábamos que continuara.

—Tienen instrucciones de no intervenir.

—¿Instrucciones? —insistió Distorsión, a veces cansado del estilo escueto del bajista del grupo.

—Instrucciones dadas en persona por la dueña del hotel, una mujer llamada Diane Harvester.

Lo demás no dijeron nada. No había que dar explicaciones, pues todo encajó de manera instantánea en sus cabezas. De modo que habíamos estado en la boca del lobo desde el principio y parecía que nos enfrentábamos a una mujer realmente poderosa. Peor aún, ella parecía conocernos a la perfección y nosotros no sabíamos nada de ella.

Bueno, una cosa sí, aunque nos costara creerla. Y en eso tendríamos que basar toda nuestra estrategia de contraataque, al menos de momento. Más que de pelear, era el momento de conocer en todo lo posible al enemigo a batir.

***

Salimos del hotel en cuanto pudimos y regresamos al Acorde Cósmico, temiendo alguna clase de sorpresa desagradable, pero todo estaba en su sitio y la seguridad no había sido violada. Aquella mujer, esa tal Desdémona, no parecía haber sido capaz de llegar tan lejos.

No nos pasó desapercibido lo que Adrian comentó antes de que Desdémona se la llevara, que la creía culpable de la explosión que nos dio de manera accidental nuestros poderes. De modo que llevaba detrás de nosotros más tiempo del que pensábamos. Sin embargo, su marido parecía ser el centro de su atención en el asalto al hotel, no nosotros. Estaba claro que aún no sabíamos con claridad cuáles eran sus verdaderas intenciones, pero teníamos una ventaja de nuestra parte, al menos. Parecía ser una mujer influyente, y esa clase de personas no pueden pasar desapercibidas con facilidad.

Distorsión se sentía algo mejor, sin duda. Había recuperado la movilidad y podía valerse por sí mismo, pero sus poderes estaban muy lejos de resultar útiles en ese momento. Si fue algo premeditado por parte de Desdémona o producto de la casualidad al diseñar aquel artefacto esférico del demonio, no lo supimos. Por mi parte un médico me vendó el hombro, nos inventamos un intento de ataque por un fan enloquecido —otra muesca que añadir a nuestras leyendas urbanas como banda emergente— y me recomendó reposo. Claro. Me pasé la mayor parte del tiempo entrenando mis poderes para poder rebotar energías durante periodos lo más prolongados posible, de modo que nunca volviera a caer dos veces en un truco similar. No era fácil, pero esperaba lograrlo con un poco de paciencia. En realidad había una manera muy sencilla de impedir que eso ocurriera de nuevo, que era rebotar el láser a otra parte del cuerpo del tirador, y si lo hacía a la cabeza o al torso el problema estaría permanentemente solucionado. Pero no era una asesina ni tenía la menor intención de serlo jamás. Podíamos ser un atajo de críos irresponsables, como nos llamaron en el pasado, pero sabíamos bien dónde estaban nuestros límites.

En esos días de reposo, en los que por supuesto no supimos nada de Adrian, el verdadero protagonista fue en realidad Fase, que se dedicó a buscar en la Llanura, como sólo él sabía hacer, toda clase de información que nos pudiera ser útil acerca de aquella oponente que nos había caído encima, esa Desdémona, o Diane Harvester, como suponíamos que encontraríamos más fácilmente, pues lo otro parecía más bien un seudónimo para actividades que no conviniera airear.

Durante ese tiempo de búsqueda me consta que todos pensamos mucho en el pasado, el propio y el ajeno. No nos habíamos parado a pensar que nuestro mánager pudiera tener uno tan complejo como el nuestro y de repente nos dimos cuenta de lo fácil que quizás podía ser sacarlo a la luz, sólo conocer un apellido adecuado, una línea de búsqueda, y los unos sabríamos cosas de los otros que quizás no deseábamos compartir aún. Pero por fortuna había confianza en el grupo en ese sentido, y ninguno indagaría a otro de nosotros de no tener un muy buen motivo para ello.

Ya mencioné que Fase puede interceptar comunicaciones de ondas, pero en realidad, si es bueno en algo, es en la búsqueda de información. No sólo se debe a que sea un hacha moviéndose por los entresijos virtuales de la Llanura, además de eso su conocimiento de —literalmente— docenas de idiomas le permite moverse a su antojo por bases de datos que estarían vetadas para el más común de los mortales.

De ese modo no tardamos en averiguar que, de hecho, Diane Harvester era poseedora, entre muchas otras, de la empresa electrónica conocida como Virtuatronics. Pero esta era la más grande y fue la que llamó más nuestra atención, ya que en días posteriores se disponía a cerrar un trato en su sede flotante, en el vacío cósmico próximo a la colonia Bludgor, lugar donde íbamos a ir de gira en breve. El motivo de que la sede estuviera en el vacío ya era harto conocido, y nosotros mismos nos aprovechábamos también de ello a nuestro nivel: no someterse a leyes coloniales, así como la posibilidad de largarse con la fiesta a otra parte.

La pregunta del millón era si se trataba de una coincidencia el hecho de que fuéramos a tocar en la colonia al tiempo que ella estaría en órbita o, más bien, una conveniente casualidad.

En todo caso no tardamos en averiguarlo haciendo acto de irrupción allí mismo. Varios de nosotros insistimos en que Distorsión debía descansar, reposar, que el seguir de gira no era algo que le ayudara mucho, pero arriesgarse de ese modo sería peor aún.

Su opinión del asunto nos quedó clara en cuanto pateó la puerta de la sala de reuniones donde estaba Desdémona con sus accionistas.

Desde los amplios ventanales de la estancia, cuidada y lustrada como nueva, de forma alargada y con una inmensa mesa inteligente llena de monitores, podía verse la propia colonia de Bludgor, no muy grande pero próspera e indómita, llena de gente rebelde, pues no en vano había sido uno de los mundos que protagonizó la Guerra de las Ocho Colonias. Una vista demasiado hermosa para un momento tan turbio.

Informándonos acerca de Desdémona una cosa teníamos clara: era una mujer importante. Y para esa clase de sujetos la imagen lo es todo. Ella estaba, de hecho, en uno de los lados estrechos de la mesa, dejando clara su posición de superioridad.

—Hablemos —sugirió Distorsión.

Uno de los accionistas se levantó de su asiento, visiblemente azorado, y se dirigió a nosotros.

—Señores, no sé quiénes son, pero creo que se habrán dado cuenta de que estamos llevando a cabo una reunión…

De repente todos los monitores se apagaron y, por mucho que aquellos tipos trajeados intentaron encenderlos de nuevo, fue imposible lograrlo. Miré de reojo a Overdrive.

—Parece que tendrán que dejarlo para otro día —se limitó a añadir Distorsión. Desdémona se levantó de su asiento y se dirigió hacia nosotros.

—Discúlpenme, caballeros —comentó—. Son The Jammers, no sé si les conocen o han escuchado hablar de ellos. Son músicos de rock, y esta gente ya se sabe que tiene una manera muy especial de mostrarse en sociedad.

Después de eso nos indicó que saliéramos fuera y cerró la puerta. No sé aún por qué le hicimos caso. Quizás porque éramos en parte conscientes de no tener la sartén cogida por el mango.

Nos llevó a un despacho privado, con unas no menos espectaculares vistas, y nos ofreció una copa que rechazamos todos sin excepción. Un sentimiento de cólera se reflejó en la pupila muerta de sus ojos enteramente negros.

—Irrumpís en una reunión de negocios y no aceptáis mi hospitalidad. No estáis muy bien enseñados.

—Déjese de formalidades —increpó Overdrive. Distorsión le hizo un gesto para que se calmara y lo dejara estar.

—Lo diré una vez, y sólo una. ¿Dónde está Adrian?

—Está a salvo, no debéis preocuparos por él.

—Si no me dice dónde está, la denunciaremos públicamente. No creo que eso sea una gran publicidad para sus empresas.

—Denunciarme, dices —bebió de su copa—. ¿Con quién te crees que estás hablando, mocoso? A mí no me amedrentan tus imposturas. Pero juguemos a tu juego, si quieres. ¿Qué pruebas tienes? Nada. No tienes testigos en el hotel de lo sucedido. Es más, podría denunciarte yo a ti por montar un escándalo en mi hotel, ¿qué te parece?

—Usted nos atacó —comenté.

—Los hombres que iban conmigo eran seguridad del hotel. Ni un empleado respaldará vuestra versión. Es más, en los pasillos en los que os alojasteis hay señales de lucha… motivo justificado suficiente para irrumpir en vuestras dependencias.

»En cuanto a secuestro… yo no recuerdo que Adrian Harvester me siguiera contra su voluntad.

Distorsión cerró el puño, muy furioso. Pero esa bruja nos tenía bien pillados. Habíamos dado con la horma de nuestro zapato.

—¿Qué demonios quiere? —preguntó al fin.

—Pensé que habríais podido llegar a esa conclusión vosotros solos. Veo que os he sobreestimado. Supongo que no os habrá pasado desapercibido que soy toda una autoridad en el campo de la electrónica y la robótica. ¿Qué creéis que puedo querer de gente insignificante como vosotros?

Overdrive se quedó muy quieto, y aunque fuera un alienígena, todos entendimos que había reparado en un detalle importante.

—La bomba… no era para matarnos. Era para la estación. Quería hacerse con ella.

—Exacto, alien. Veo que tu raza no es tan avanzada por casualidad. Vivís en un paraíso para alguien como yo, capaz de sacar el máximo potencial de las máquinas que os rodean y no patéticos trucos de feria como esto —señaló al holograma de Distorsión—. Por eso, aun al precio de perder parte de la base, el objetivo era echaros de allí y apropiarme de ella. Pero mi marido descubrió el plan y tampoco teníamos claro si aún estabais dentro de la base tras la explosión, por lo que hubo que abortarlo todo.

—Casi nos mata —replicó iracundo Fase.

—Sólo porque fuisteis tan tontos de poneros en medio de la onda expansiva, porque eso hicisteis, ¿verdad? El objetivo era motivaros a escapar.

Lo que no dijimos, y que ella al parecer no sabía, era que en efecto nos hubiéramos largado si la nave de salvamento no hubiera estado en reparaciones. De modo que, en parte, el azar había sellado también nuestro destino.

—Así que el Acorde Cósmico a cambio de Adrian —añadió Distorsión.

—Al menos no tengo que explicarlo todo —replicó dejando el vaso sobre la mesa de estilo colonial—. Tenéis hasta mañana, al final de vuestro concierto en Bludgor. No tardéis en decidiros. Y ahora, por favor, no interrumpáis más mis negocios si sabéis lo que le conviene a mi querido esposo —terminó abriendo las puertas del despacho y regresando a la sala de juntas, ignorándonos por completo. No pude evitar observarla mientras nos daba la espalda, vestida con un traje muy formal —distinto al de cuando nos atacó pero, igual que entonces, negro por completo— y con su pelo rubio y largo cayendo lacio por los hombros.

Allí va un demonio, pensé. Luego supe que todos, con unas u otras palabras, pensamos algo muy similar.

***

—¿Qué crees que debemos hacer? —preguntó Overdrive a Distorsión, ya de vuelta en el Acorde Cósmico. Salvo Fase estábamos todos en la sala común, la misma en la que nos habíamos conocido y que había sido escenario del nacimiento de nuestros poderes. Nuestro batería seguía buscando información de nuestra nueva enemiga. Sin embargo la percepción que teníamos de ella, así como del Acorde, había cambiado mucho desde entonces. Ahora sentíamos que era una nave deseada y ambicionada, y en cierto modo temíamos el alcance de su potencial y sus consecuencias sobre los que la habitábamos.

—Yo también aprecio mucho a Adrian, Distorsión —comenté espontáneamente—, pero me produce terror lo que una mujer como esa puede hacer con este lugar.

—Y haces bien, mi querida amiga —contestó Fase entrando en la habitación a toda velocidad, sin duda deseando contarnos algo urgente e importante—. Poseo más información y espero que tengáis un asiento a mano porque no es para quedarse de pie mientras se escucha. Tiene que ver también con el que ha sido hasta ahora nuestro mánager.

Distorsión se giró en la dirección de Fase con muchísima lentitud y, aunque el holo tapaba su rostro, era evidente que le estaba advirtiendo sin palabras que tuviera cuidado con lo que fuera a decir.

—Diane Harvester, Doctora en Ciencias Físicas en las especialidades de Robótica y Electrónica, Doctora en Ciencias Matemáticas en la especialidad de Matemática Aplicada, Doctora en Ciencias Astronómicas con la especialidad de Astrofísica y Mecánica Celeste, Doctora en Biología en la especialidad de Bioquímica… está tía tiene más doctorados que yo piños en la boca. Prosigo. Su principal área de investigación y desarrollo son los dos primeros, Robótica y Electrónica. Es considerada un genio a la altura de otros de siglos pasados tales como Einstein y Newton y una mente privilegiada de nuestro tiempo. La cantidad de avances científicos que ha desarrollado es enorme, y muchos de ellos, o bien aún son inéditos, o bien los desarrolló en ámbitos de secreto empresarial.

»No las ha pasado fáciles en la vida. Ha vivido tres guerras, aunque la última, la de las Ocho Colonias, la involucró de manera muy tangencial, pues el ejército de la Tierra le pidió colaboración en el desarrollo de armas militares. Las otras fueron más cruciales para su vida. En la primera, una escaramuza local en Tailkran, perdió a su familia siendo apenas una niña, y en la segunda, conocida como la Guerra de los Cien Ciclos por motivos evidentes, ella misma fue hecha prisionera y obligada a trabajar para sus captores en el área de investigación y desarrollo.

»Casada con Adrian Harvester. No existen trámites de divorcio ni separación. Tuvieron un hijo, Samuel, que murió hace ya diez años estándares.

—¿Qué es lo que ocurrió? —preguntó Distorsión, dejando patente que no conocía esa porción de la vida de su mentor y padre a efectos prácticos.

—Adrian era también un genio de su área, la Bioelectrónica, detalle que creo que nunca nos ha mencionado, y un área de conocimiento que nos toca bastante en lo personal, diría yo. Se conocieron en el transcurso de sus investigaciones, que eran clasificadas y les tenían en el constante punto de mira de gobiernos centrales, colonias y organizaciones.

»Un día trataron de matar a Diane inyectándole Valis en una dosis tal que su organismo no lo pudiera resistir. Sin embargo ella estaba embarazada, por lo que el feto asumió gran parte de la dosis y de ese modo, en vez de resultar letal, hizo que madre y futuro hijo cayeran gravemente enfermos.

Empalidecí. Valis era una de las drogas más devastadoras de toda la galaxia, podía saber poco del universo que me rodeaba, pero eso no lo dudaba. Muchos músicos inconscientes habían acabado destruidos por ella de manera lenta pero segura. No quería ni imaginar qué efectos terribles podía tener sobre el organismo de un nonato.

—No hay datos precisos de la muerte del niño, sólo que no salió adelante. No sé si llegó a nacer o todo terminó en aborto. Pero por lo que he visto de los efectos secundarios de la droga en criaturas de temprana edad, no sólo humanos, casi es mejor que fuera la segunda opción. Los ojos negros de Desdémona puede que tengan que ver con eso, ya que en los adictos a esa droga la sangre se les suele espesar tanto que llega a oscurecerse. En cuanto a su sobrenombre, no tengo la menor idea de dónde puede venir. En la Llanura no figura nada al respecto.

—Perfecto, Fase —dijo Distorsión con tono sincero, aunque sin ser más efusivo al respecto—. Creo que esto explica gran parte de las motivaciones de nuestra enemiga. Sus ropas negras, por lo que Fase ha contado, podrían responder a una suerte de luto perpetuo.

—Sí, pero eso no lo aclara todo —comenté intrigada—. ¿Por qué ese odio hacia su propio marido? Él también habrá sufrido lo indescriptible con esa pérdida.

De repente miré a Fase y en su mirada preocupada noté que no nos estaba contando todo. Sin embargo no quise hacerlo notar en ese momento. Era consciente de que si no nos lo decía era por nuestro propio bien. La confianza entre nosotros era crucial, y nada la ponía en duda nunca. Si él pensaba que no era buena idea que lo supiéramos respetaría esa decisión hasta que cambiara de opinión.

—¿Alguna idea de dónde podría tener a Adrian? —preguntó Overdrive a Fase.

—En realidad no. No parece que haya sedes de su empresa en la colonia de Bludgor, lo que quiere decir que podría estar a miles de kilómetros de allí.

—No lo creo —comentó Distorsión—. Desdémona no me parece de la clase de sujetos que deleguen responsabilidades con tanta facilidad.

—¿Dónde crees que está, entonces? —pregunté.

Una pequeña risilla emergió de la boca de Distorsión. Él no solía reír nunca.

—Creo que hemos estado mucho más cerca de él de lo que pensábamos —terminó regresando a su habitación.

 ***

No llevó mucho tiempo elaborar un plan de rescate. Nosotros no hemos sido nunca de los que hayamos trazado grandes esquemas, tocamos de oído, si se me permite el símil. Y para rescatar a Adrian íbamos a efectuar la jam-session definitiva, poco menos.

Habría ciertos obstáculos. Distorsión no estaba recuperado y apenas podía utilizar sus poderes, o al menos eso es lo que él decía, porque tenía la sospecha de que era incapaz de hacerlo en absoluto. ¿Pero cómo impedirle que viniera con nosotros, y más tratándose de su padre adoptivo? Eso hubiera sido como intentar detener una ola con la mano.

Ya que estábamos jugando en el tablero de Desdémona y con sus reglas, no nos dejaríamos atrapar por trampas legales que pudiera emplear contra nosotros. Con ese fin Distorsión nos facilitó dispositivos holográficos similares al suyo y con los que poder cubrirnos los rostros. ¿Para tapar nuestra identidad? Ni en broma, claro. Mi gorra, que por cierto era de Aerosmith, aún se podía distinguir si uno se fijaba en ella, y mejor no digo lo absurdo que se veía Overdrive con ese holograma teniendo en cuenta su aspecto alienígena. Sin embargo, a efectos legales, sería suficiente. Nadie podría acusarnos de allanamiento ni nada parecido. Éramos famosos y por tanto cualquiera podía utilizar nuestro conocido aspecto para ocultar su verdadera identidad. Alguna ventaja tenía que tener que todo el mundo supiera quiénes éramos.

En cuanto a cómo aproximarse a la sede flotante de Virtuatronics, la misma en la que habíamos irrumpido, sin ser vistos, eso era pan comido para mí. Bastaba con que rebotara la luz que nos llegaba en todas direcciones salvo la de la propia sede. No era algo que pudiera hacer entre personas a menudo o en un pasillo cerrado, porque el efecto era el de algo así como convertirme en un espejo de múltiples caras y cuya imagen rebotaba en paredes, techo o suelo, creando extraños espejismos que no bastaban precisamente para ocultar la posición. Pero allí en el vacío cósmico era más que suficiente para que no notaran nuestra llegada.

Sobre cómo entrar, eso fue cosa de Fase, que tardó apenas unos segundos en descifrar el código de la compuerta a la que accedimos tras desplegar el pasillo de abordaje para asaltar la sede.

—Triple DES cuántico. Complicado pero no imposible —comentó con plena indiferencia. Unos pocos minutos después teníamos acceso libre y pasé la primera, lista por si había que rebotar láseres, aunque si algún día nos encontrábamos con armas de fuego convencionales sería la primera en morir sin la menor duda. Por fortuna no eran las más comunes, al menos fuera de los entornos militares.

Mis habilidades tardaron en ser útiles menos tiempo del que había imaginado. Entramos con tan mala suerte de coincidir en la ruta de vigilancia de uno de los tipos de seguridad de los pasillos internos y me apuntó a la vez que pedía ayuda por comunicador. Corrí hacia él a toda velocidad y, como siempre sucede, mi reacción le hizo disparar de manera instintiva. El tiro rebotó contra él mismo en pleno pecho y le tumbó al suelo. Ya había notado que su uniforme era antirrayos, por lo que sólo cayó inconsciente víctima del impacto. Ese tío no era nuestro enemigo, sólo alguien que hacía su trabajo. Y el disparo iba dirigido a mi pierna derecha.

Pero ya había establecido contacto por comunicador, y el aparato estaba tirado en el suelo, esperando respuesta.

—¿Todo bien? ¿Estás ahí?

Lo teníamos crudo, pero Fase tomó la iniciativa. Cogió el comunicador y contestó.

—Todo en orden. Falsa alarma.

Empleando sus poderes hizo que su voz sonara muy parecida a la del vigilante que acabábamos de abatir. El propio Fase no sabía cómo de parecida sería, porque como referencia poseía apenas un par de frases, pero pareció resultar suficiente, pues al otro lado no insistieron y todo se quedó de nuevo en calma.

—Ha ido de poco —comentó Overdrive. Distorsión se limitó a examinar la zona a izquierda y derecha, pensando por dónde podría estar tanto nuestro amigo como nuestra enemiga. Creo que llegó a la conclusión de que si encontraba a una, encontraría invariablemente al otro.

No fue ese el único guardia que nos encontramos, pero para los otros ya estábamos infinitamente más preparados. Usamos muchos trucos basados en nuestros poderes para avanzar sin ser detectados. Generalmente involucraban llamar la atención hacia direcciones distintas de la nuestra, por ejemplo chasqueando los dedos frente a mí y haciendo que el sonido apareciera a metros de distancia de nosotros —algo realmente curioso de experimentar la primera vez que se ve— o haciendo adecuados juegos de luces, ya fuera apagándolas de manera muy temporal o atenuando su intensidad.

De ese modo no tardamos en llegar a una puerta que, estábamos seguros, encerraba tras ella a Adrian. El motivo era muy sencillo. En vez de cerradura electrónica tenía un candado convencional.

—¿Y ahora qué? —preguntó Delay, lo que evidenciaba que, si él hablaba, era que realmente estábamos en un callejón sin salida.

—Habrá que terminar con la etapa del sigilo —aclaró Distorsión mirándome—. ¿Lo captas, Echo?

Lo comprendí. Al momento Distorsión se asomó al pasillo contiguo y miró en dirección a uno de los vigilantes, lejos de allí en ese momento.

—¡Eh, cara de teflón! —insultó aludiendo a su casco negro—. ¡Aquí estamos!

En cuestión de segundos llegó a nuestra altura y apuntó.

—¡No os mováis! —pero no disparó. Distorsión hizo un ademán de acercarse a él, pero sin separarse de mí.

—¡He dicho que no te muevas!

Increíble. Aquello era la repera, pensé. Justo cuando sí queríamos que nos disparasen, el tío era un gatillo frío. Distorsión se acercó a él y le dio un puñetazo en pleno estómago. Debía ser un novato, poco más. Pero nos había robado un tiempo valiosísimo.

Cogió su arma, apuntó hacia mí y disparó. Total, podía haber disparado al candado él mismo, pero así al menos no tenía que perder más segundos en acercarse hacia nosotros ni en apuntar. Reboté el rayo en el candado, que saltó en mil pedazos. Una patada de Delay hizo el resto. Con lo buena que era la idea de usar el tiro del guardia, pensé. Me la apunté mentalmente para otra ocasión en que fuera propicia.

Tal como esperábamos allí estaba Adrian, en un despacho muy similar al de Desdémona, sentado en una mesa y leyendo un libro de física. Al menos parecía haber estado ocioso en su encierro. Cuando nos vio entrar se quedó perplejo.

—¿Cómo habéis logrado entrar? Desdémona…

—Es lista, pero nosotros tenemos mil trucos —terminó Distorsión—. Larguémonos de aquí.

Pero en cuanto nos giramos, notamos que una pesada compuerta se cerraba a toda velocidad, sin duda una medida de seguridad adicional. Sin embargo, cuando iba por la mitad comenzó a moverse muy despacio.

Miramos a Delay, que tenía cara de estar realizando un gran esfuerzo.

—No puedo estar así todo el día, ¡moveros! —nos ordenó.

Pero Distorsión no estaba dispuesto a dejarle ahí solo, por lo que agarró un montón de libros de la estantería del que provenía el que estaba leyendo Adrian y los empezó a colocar a modo de tope.

—¿No sería mejor una mesa o una silla? —preguntó Fase. Pero cuando acabamos y Delay hizo que la compuerta se encontrara con suavidad con el obstáculo de la pila de libros, notamos cómo aguantaron a la perfección.

—Nada como el papel para soportar esfuerzos verticales —comentó Adrian, y Distorsión asintió.

—La lectura os hará libres —agregó con tono de ironía Overdrive mientras pasaba por debajo de la compuerta.

Después de eso salimos corriendo como espontáneos en un evento deportivo en la dirección en la que menos guardias encontramos, por fortuna aquella de la que habíamos venido. Aun con todo nos topamos con uno de sopetón nada más salir a los pasillos de nuevo, con el que, lejos de usar poderes, Distorsión se pulió de un sonoro guantazo, y luego con otro justo al doblar la esquina, y que tumbó Overdrive con un brutal puñetazo duplicado que le lanzó dos metros hacia atrás. Improvisación al poder, pero como en la música, todo iría bien mientras nos moviéramos en la escala correcta.

Llegamos al fin a la nave, aún no descubierta, y nos dispusimos a entrar.

—Al fin hemos llegado —exclamó Fase, loco por hablar y desahogarse—, menos mal que…

Pero no siguió hablando. Desdémona estaba detrás de nosotros y había aprovechado la confusión para coger a su propio marido de rehén, tras golpearle con el arma y dejarle inconsciente.

—Si no os quedáis donde estáis le dispararé —dijo delante de varios guardias, aun sabiendo que muchos no tenían ni idea de qué iba todo aquello—. Pensabais escapar, ¿verdad? Pensadlo dos veces.

Lo primero que hice fue fijarme en el arma que Desdémona llevaba. No era aquel chisme del demonio de la última vez. Ella ya era consciente de que no caería dos veces en la misma trampa. Pero los guardias no eran tan listos y nos apuntaron.

—¡Bajad las armas! —ordenó Desdémona. Pero sabíamos que no podría mantener esa orden para siempre. La situación estaba en punto muerto.

—Sois más listos de lo que pensaba, tengo que admitirlo, y es difícil predecir el alcance de vuestros poderes. ¿No duele a vuestro intelecto usarlos de manera tan patética y pusilánime? Tenéis la llave de un poder inimaginable. Vivís en un mundo donde la tecnología es el dios supremo, todo estaría a vuestros pies. Y sólo pensáis en vuestra absurda música, en un montón de tonos y semitonos que en el fondo no son distintos de nada que se haya hecho antes en la historia.

»Y tú —miró a Distorsión con sus eternos ojos negros— eres un fracaso como músico y como rescatador. Sé bien que eres incapaz de reventar siquiera una bombilla ahora mismo, los efectos de mi aparato aún duran en ti. El coste energético para realizarlo me obligó a asumir grandes pérdidas en una de mis centrales, pero ahora eres inofensivo e inútil. Me consta que todos los demás han hecho algo destinado a rescatar a mi marido, ya sea frenar compuertas, abrirlas, apagar luces o esquivar tiros. Pero tú, ¿qué es lo que has hecho?

Fue entonces cuando comprendí que era, sin duda, una trampa. Tal vez para tratar de enfurecer a Distorsión y drenarle de nuevo, o algo peor. Y me temía que Distorsión se dejara cegar y cayera en ella. No era nada extraño teniendo en cuenta su manera de ser.

Pero en vez de eso nos sorprendió a todos, Desdémona incluida, al hablar.

—Dices que si no nos rendimos le dispararás, ¿verdad? Muy bien, hazlo.

—¿Cómo has dicho?

—He dicho que lo hagas. ¿Qué pasa, no puedes?

Desdémona se quedó quieta, con el dedo agarrotado en el gatillo. Su cara estaba crispada, y sus dientes debían estar rechinando.

—Yo también te he estado investigando, ¿sabes? Y puede que no sea un genio como Fase para encontrar información, pero había algo que me intrigaba. ¿Por qué Desdémona? Me sonaba a un personaje de ficción, y no tardé en ver que Desdémona era la mujer de Otelo, a la que éste abandonó creyéndola infiel. Te sientes abandonada por Adrian, ¿verdad? No sólo deseas nuestra nave, también quieres venganza.

»Tú y yo nos parecemos, porque yo también conozco la rabia y el odio. No sé qué te haría Adrian, pero sé que en el fondo aún sientes algo por él. Duele, ¿verdad? No poder detestar a alguien con todas tus fuerzas.

—Cállate, tú no sabes nada de mí —dijo Desdémona hablando muy lentamente y en voz muy baja.

—En vez de eso, decides que destruirás todo lo que significará algo para él. El motivo, lo ignoro. ¿Tiene que ver con tu hijo muerto, tal vez?

—¡Cállate! —replicó alzando el tono de voz. Los guardias se echaron atrás, pues la temían tanto como a nosotros.

—Vamos, dispárale si es que puedes. Apuesto a que le has dejado inconsciente porque de lo contrario él nos habría dicho que no le harías daño.

La mano de Desdémona era una pura convulsión de odio y lucha interna. Finalmente soltó a su marido y se echó hacia atrás, momento que aproveché para agarrarle y llevarle con nosotros.

—Esto no acabará aquí. Dile a Adrian que destruiré vuestras vidas sólo por el hecho de significar algo para él, y que no me limitaré a mataros.

—Ya le daré el recado —dijo Distorsión burlándose de ella, mientras entrábamos todos en la nave, él el último—. Por cierto —dejó caer un par de entradas al suelo— por si quieres vernos esta noche, es zona vip. Tráete un amigo si quieres.

Distorsión pasó al otro lado y el pasillo se desconectó. Al otro lado, silencio. Ni un disparo, ni pasos. Nada.

Delay se puso a los mandos de la nave y salimos pitando de aquel lugar y de aquella mujer con el alma sumida en eternas tinieblas.

***

Ya antes de llegar al Acorde Cósmico Adrian estaba consciente y recuperado. Pero preferimos dejar las preguntas para cuando llegáramos al hogar y nos sintiéramos de verdad a salvo.

No hubo que preguntar nada, en realidad. Él mismo nos contó el resto de la terrible historia que habíamos empezado a conocer de boca de Fase.

—Tanto Diane como nuestro hijo fueron infectados con Valis, en efecto —comenzó a decir mientras miraba por la ventana, hacia el vacío del espacio—. Dado que mi especialidad era la Bioelectrónica, Diane me suplicó para que inventara alguna clase de artefacto, dispositivo o algo similar que alterara su metabolismo y pusiera fin a la asimilación de la droga por parte del feto. Pero yo no podía hacerlo. Yo ya no era… un científico. Hacía tiempo que era incapaz de llevar a cabo ninguna investigación —sus ojos se ocultaban, invisibles, tras el reflejo de sus gafas cuadradas mientras hablaba.

»Ahí comenzó el odio de Diane hacia mí, pero eso no fue todo. Se usó a sí misma de cobaya para tratar de frenar el avance de la infección, pero la técnica fue tan agresiva que, aunque la salvó a ella, mató al feto y dejó secuelas visibles que ya habéis presenciado, y puede que otras no tan visibles que sólo ella conozca.

Distorsión le miró fijamente. El holo no tapaba su rostro, y por ello notamos que había una mezcla de perplejidad y comprensión en su cara. Había más entre ellos dos de lo que nosotros sabíamos, aunque era claro que todo aquello le había cogido también por sorpresa.

Decidimos acabar la jornada sin más contemplaciones, aunque todos pensábamos que nos habíamos agenciado un terrible enemigo que, en realidad, siempre había estado ahí, intrigando.

Un rato después Fase debió hacer señas a Distorsión para que le acompañara, ya que por casualidad me di cuenta de que se iban aparte. Mi curiosidad fue más fuerte que ninguna otra cosa y les seguí a prudente distancia, desde donde pude escuchar la breve conversación.

—Hay una cosa más que descubrí de Adrian, algo que no nos ha contado. Es mejor que lo veas por ti mismo.

Y se marcharon a la habitación de Fase, donde tenía su terminal. No fui tras ellos, pero todo un rato después Distorsión regresó y se dirigió a Adrian.

—Hay algo que necesito saber, y quiero que me lo digas ahora mismo —dijo con un tono de voz imperativo, delante de todos. Por otro lado quedaba claro que estaba mejor de fuerzas.

Más que nada, porque un par de amplificadores estallaron mientras pronunciaba estas palabras.

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